Mar y selva en la Riviera Nayarit

 Además de sus playas, la costa nayarita ofrece la biodiversidad de la Sierra Madre Occidental.
Relájate en este paradisíaco lugar
Relájate en este paradisíaco lugar (Cortesía )

México

La Riviera Nayarit nos da la bienvenida con un atardecer en tonos rosados y un suave oleaje. El resto del día se irá sin hacer nada en un hotel todo incluído, ordenando bebidas, refrescándonos de vez en vez en la piscina o en el mar, y disfrutando las páginas de un buen libro.

Al día siguiente, decidimos dejar la comodidad del hotel para probar el turismo de aventura que ofrece el estado de Nayarit. Debido a las condiciones meteorológicas, no es posible conocer las Islas Marietas pero la agencia Vallarta Adventures sugiere una expedición a la Sierra de Vallejo, en la parte sur de la Sierra Madre Occidental.

Sin sospecharlo, el recorrido a bordo del vehículo 4x4 resulta el verdadero deporte extremo y no tanto adentrarse en la sierra para exponerse a ortigas, telarañas gigantes y todo tipo de insectos.

Sólo toma una hora desde Nuevo Vallarta llegar a una sección de la Sierra de Vallejo, pero el recorrido atraviesa un tortuoso camino lleno de charcos, baches, ramas, piedras y ganado que se atraviesa en este camino de terracería. Es necesario abrocharse los cinturones, sujetarse de los barrotes del vehículo y tomar las agarraderas que cuelgan del techo durante el recorrido pero será inevitable reír sin parar al ver cómo nosotros o el resto de los pasajeros saltan inesperadamente al saltar un bache más. “Eso fue culpa del otro sexenio”, bromea el guía.

Tras atravesar vastos cultivos de piña y sandía, llegamos a la Sierra de Vallejo, una de las zonas con mayor biodiversidad en América del Norte. El guía explica que es aquí donde se da la transición entre el clima tropical del sur y el clima desértico del norte de México. Las sequías durante algunos meses del año e intensas lluvias en otros, hacen posible que aquí crezcan cactus gigantes al igual que árboles de maderas tropicales, lianas y plantas exuberantes.

Una breve caminata basta para observar orquídeas, mariposas, e incluso, las huellas de algún zorrillo que no hace algunos instantes pasó por ahí.

Árboles estranguladores, plantas cuyas hojas se cierran con el tacto como un mecanismo de defensa, una colonia de hormigas que vive en un árbol, nos detienen en el camino mientras el guía explica las características de cada planta.

Después de este contacto con la naturaleza, nos dirigimos a comer a la Cruz de Huanacaxtle, un pueblo de pescadores que tiene una moderna marina. Nos quedamos en Eva Mandarina, un club de playa donde es posible disfrutar exóticos y refrescantes tragos como una margarita con pepino y jalapeño o un trago que combina agua de jamaica, vino, vodka y cerveza así como deliciosas tostadas y cócteles de mariscos, entre otras delicias del mar. El club ofrece todas las comodidades como regaderas, vestidores, asoleadores con una decoración muy original de bicicletas, un vocho y tablas de surf. La playa es ideal para tomar el sol y mirar el mar y tal vez para surfistas pero es mejor alejarse de sus olas salvajes y su arena de granos gruesos.

Siguiendo por la costa de la Bahía de Banderas, llegamos a Sayulita. Este pintoresco pueblo playero ofrece pequeños hoteles, buenos restaurantes, y boutiques con diseños inspirados en la cultura huichol así como tiendas de artesanías nayaritas. En su playa de arena suave y oleaje tranquilo, suelen jugar niños, los perros corren, y algunos extranjeros toman sus tablas de paddleboard para remar de pie mar adentro. Esta bahía también es un lugar ideal para disfrutar el atardecer y admirar las estrellas de la noche. O tal vez, comprar algún gelato o disfrutar una copa de vino y una buena cena en alguna mesa en las calles de este pueblo.