Cartagena en bicicleta

 Una de las actividades favoritas de los turistas para conocer esta joya colombiana es reconocer los secretos de su centro histórico en bicicleta.

Colombia

La arena suave y el mar cálido del ecuador contrastan con la dura piedra de una muralla colonial, como si la ciudad, que resguarda la historia y el pasado de Cartagena, debiera ser protegida contra cualquier ataque de la naturaleza e incluso del mismo tiempo.

Entrar al centro histórico de Cartagena de Indias es hacer un viaje instantáneo cientos de años atrás.

Sus casas, de colores vivos y alegres, como alegre es todo en la costa colombiana, con sus balcones de madera para pasar las tardes de calor tropical, te invitan a pasear a pie, en sus famosas carretas jaladas por caballos o en bicicleta.

Precisamente pedalear por entre las calles del centro se ha convertido en uno de los grandes atractivos para turistas que en cada esquina escuchan vallenato -ese ritmo sabroso que hace mover la cadera y los pies de todo colombiano y que saca el lado alegre y guapachoso de cualquier persona- mientras con el viento de frente se observa el famoso reloj amarillo, la catedral o el Teatro Heredia.

Algunos hoteles, como el Charleston Santa Teresa ubicado justo en una de las entradas a la ciudad amurallada, prestan a sus huéspedes las bicicletas sin ningún costo extra, pero existen además distintos locales distribuidos por todo el centro histórico donde rentar una bicicleta es barato: por 7 mil pesos colombianos la hora, equivalente a unos 48 pesos mexicanos, se puede recorrer la ciudad en dos ruedas.

No importa mucho la ruta, siempre y cuando se visiten los puntos principales: se puede iniciar por la iglesia de San Pedro Claver, que también es un museo y en sus cercanías hay muchos puestos ambulantes que venden artesanías propias del lugar; de ahí, una calle adoquinada conduce directamente a la plaza de la Alcaldía Mayor con sus banderas multicolores.

A lo largo de todo el camino las puertas de madera de las casas, cuyo color marrón oscuro contrasta con las paredes azules, amarillas, rojas o moradas y que parecen querer contar historias, enamoran a los ciclistas.

En realidad, toda Cartagena enamora.

El siguiente punto es la famosa Torre del Reloj, ahí donde ante su antigua Plaza de los Coches se vendía a los esclavos negros y que ahora, cientos de años después, por las noches se convierte en un punto de reunión por sus múltiples bares.

Después de la Torre del Reloj se puede bajar algunas calles hacia la impresionante Catedral de Santa Catalina de Alejandría, una de las joyas arquitectónicas de la ciudad y uno de los edificios más antiguos de América Latina. Aunque un poquito apretada por los edificios a su alrededor, su torre sobresale e ilumina desde cualquier punto de la ciudad.

Cerca de la catedral se ubica el Parque Bolívar y a sus alrededores uno de los museos más importantes de la ciudad: el Museo Histórico de Cartagena.

Al salir de ahí y volver a subirse a la bicicleta lo mejor es subir unas calles a la Plaza de Santo Domingo, una de los lugares más vivos y llenos de música del centro y cómo no, si ahí se pasa a saludar a la señora “Gertrudis”, una escultura que Fernando Botero donó a la ciudad y donde, alrededor de ella, se instalaron cafés y bares que miran de frente al templo del mismo nombre. La leyenda local dice que la persona que toque los senos de Doña Gertrudis tendrá una larga y feliz vida amorosa.

Esta plaza, con aire bohemio es ideal para pasar algunas tardes o beber una cerveza por la noche.

Pero el recorrido en bicicleta no espera y la ciudad aún tiene muchos secretos guardados.

A tan sólo unas calles de la Plaza Santo Domingo se encuentra uno de los teatros más antiguos y queridos de la ciudad: el Teatro Heredia, construido a inicios del siglo pasado para conmemorar el primer centenario de la independencia de la ciudad y a su costado la gran  muralla y la calle Carrera 2 que la rodea y que es perfecta para pedalear a toda velocidad.

En Cartagena hay decenas de lugares para terminar el recorrido en bicicleta, pero a media tarde, poco antes del atardecer se puede disfrutar de la brisa marina en el Café del Mar, un lugar simpático instalado sobre la misma muralla que da vista a la playa y a los edificios del centro. Ahí, en compañía de una taza de café colombiano y con la vista puesta en las olas, te das cuenta que Cartagena es un lugar al que siempre querrás volver.