Pensé que no era grave y resultó ser cáncer: paciente del Incan

El ingeniero Gabriel Morales Ortiz relató que gracias a la atención recibida en el instituto se siente sano y puede hablar, a pesar de que le fue retirada una parte del órgano.

México

Gabriel había pasado varias noches sin dormir, casi dos semanas, sufría ansiedad, ya que no concebía que algo que le pareció de momento una situación sin importancia, casi insignificante, le cambiaría la vida. Llegó el momento, cruzó la puerta para entrar al consultorio y escuchar el diagnóstico que confirmó sus temores: padecía cáncer de lengua.

Ocho meses atrás, Gabriel Morales Ortiz, ingeniero civil que se dedicaba a su empresa y a su familia, detectó una lesión en la lengua, la cual fue causada por una amalgama que se rompió. La herida no le dolía, “prácticamente ni me molestaba, solo cuando comía cosas como café o irritantes”, relató a MILENIO. Así pasaron días, luego meses: “Nunca me molestó, ni me dio un dolor que no pudiera soportar, me llamó la atención que se me formó una bolita, como una semiesfera, pero aún así no me entendí.

“Recuerdo que fue muy irónico, porque mi esposa es odontóloga y yo no me atendía. Ella me sugirió que fuéramos a checarme, pero yo, con mis ocupaciones, pues no fui”, describió, y agregó que de septiembre de 2011 a la primavera del siguiente año dudó sobre ir al médico para saber por qué no desaparecía el “pequeño” malestar de su boca.

“Estando yo en el consultorio, a una amiga de mi esposa, quien tenía experiencia en tejidos, le muestro que tenía la bolita, pero muy roja, como de un centímetro, la cual estaba en el borde izquierdo de la lengua (…) Cuando la vio, la doctora que me revisaba llamó un a patóloga: ‘No me gusta’, me dijeron, ‘pero no te puedo decir hasta que hagan el estudio’”.

Gabriel describió que desde ese momento perdió la paz; el temor de que algo grave pasaba le robo hasta el sueño y así transcurrieron 10 días de incertidumbre.

Recordó cómo esperaba la respuesta desde el día en que le “quitaron la bolita” y la mandaron revisar. Fue hasta el décimo día que tuvo respuesta a sus preguntas. “La verdad, yo estaba muy nervioso, eso fue el martes 24 de abril del año pasado. En el consultorio me preguntó la médico que si fumaba, y respondí que no. Entonces, me volvió a preguntar y, tras responder nuevamente que no, me dieron el diagnóstico: el tumor era maligno, eso significa cáncer”.

LOS CAMBIOS

El ingeniero civil dijo que, tras confirmar sus temores, entró en shock, al igual que su esposa; ninguno daba crédito a lo que habían escuchado, ninguno de los dos lo quería creer.

“Había antecedentes de cáncer en mi familia: mi papá, mi mamá, mi hermana, pero nunca pensé que éste fuera mi diagnóstico. Me cuidaba, pero nunca me imaginé un cáncer de lengua. Fue una noticia muy complicada y difícil de asimilar.

“No me imaginé nunca que una herida pequeñita que estuvo ahí durante meses fuera cáncer, algo a lo que no le di importancia.”

Gabriel dijo que recordó que al siguiente día de saber lo que le sucedía asistió al médico. “El miércoles 25 de abril yo estaba formado en el Instituto Nacional de Cancerología (Incan), estaba en estado de shock, ahí fui atenderme, a que me revisaran, incluso pensaba en el pronóstico: qué me iban a decir, qué me iban hacer en la lengua, si me la iban a cortar, cuánto me quedaba de vida”.

Ante el difícil momento, se le atravesaba por la mente la pregunta de qué iba a hacer. Pensó en sus hijos, dos pequeños, uno, el mayor, de 7 años, y otro de 3: “Pensé en ellos, en mi esposa”.

Detalló que desde entonces “cambió mi actividad, mi trabajo, todo tuvo que enfocarse a la parte de salir adelante. Soy ingeniero civil y, hasta ese momento, pues, estaba en una constructora y ahora no me dedico a eso, vendo suplementos alimenticios”.

LA LUCHA

“Yo sabía del Incan, vivo cerca del instituto, sabía que era el mejor lugar donde uno se podía una atender aquí, en México, que son especialistas. Un día me fui a formar a las cinco de mañana, pues no sabía que se podía hacer la cita por teléfono, y me atendieron muy bien, me dieron una preconsulta y luego una cita; fui un miércoles y el viernes yo ya estaba en mi cita. Ese mismo día me atendieron, yo no le pregunté mi pronóstico, porque nunca lo quise saber, pero cuando llegué me informaron que estaba en etapa temprana y eso era bueno.

“Me sometieron a una cirugía, en la cual me quitaron más tejido de la lengua del que ya me habían quitado y 18 ganglios, los cuales mandaron analizar y salieron negativos”. Relató que eso significaba; que ya no había enfermedad. “Fui muy bien atendido, hasta la fecha no me he sometido a ningún otro tratamiento”.

Además de encontrar apoyo en el Incan para salir adelante, Gabriel dijo que también le ayudaron a responder varias de sus dudas gracias a la información que difunden.

Relató que cuando le dieron el diagnóstico nunca le explicaron el motivo por el cual se desarrolló la enfermedad, por lo que se dedicó a averiguar. “Yo tenía que investigar qué pudo haber producido esto, me acerqué a Infocancer, donde encontré mucha información. También acudí al centro integral de apoyo del instituto, en el cual dan terapia psicológica y me ayudaron muchísimo, junto con las conferencias que dan ahí, en el instituto, sobre cirugías y diferentes tratamientos. También lo que dicen las nutriólogas, que el cáncer de lengua viene asociado con el tabaco y el alcohol. Yo tomé alcohol hace tiempo, fue hace muchos años, después lo consumí, pero muy poco, una copa de vez en cuando”.

CURACIÓN

Actualmente Gabriel Morales está mucho mejor, afirma: “Estoy en revisión periódica, primero eran al mes, luego dos meses, luego a los 6 meses (…) estoy en un estado muy bueno, me quitaron un pedazo de la lengua, pero puedo hablar perfectamente”.

CAMBIO DE VISIÓN

“Mi visión de la vida ha cambiado completamente. La verdad es que sí, vivo muchísimo mejor ahora, vivo el día a día, trato de no adelantarme; sí planeo, pero la verdad es que creía que tenía todo bajo control y la verdad es que no. He aprendido que puede haber cosas que no controlamos, y la verdad es que no controlamos nada. Aprendí a ser más tolerante en ese sentido, a no ser obsesivo, a disfrutar más la vida, a mi familia, mis amigos, a las personas (…) la verdad es que es maravilloso todo esto.

“Ahora como mejor, cambié mi alimentación (…) Después de la cirugía, consumo lo que quiero, pero yo elijo más equilibrado y en lo personal con mis suplementos y condición física es excelente. Comencé hacer deporte nuevamente, tengo 51 años y es bastante bueno y fabuloso para mí. Ha cambiado mi vida, no hacía esto antes del cáncer, ha sido mejor, me ayudó a cambiar y estar más sano”.

EL INSTITUTO

El paciente dijo que para él, el Incan representa “una esperanza, saber que estaba en la mejor institución de México me dio muchísima confianza, y hasta la fecha, tiene a la gente mejor preparada; la verdad es que el trato es muy bueno junto con los programas; me ha servido mucho en lo personal ahora también trato de hacer conciencia en mi familia: por un lado, que no lo tomen a la ligera, y por otro que hay que hacer mucho, porque si no el sistema de salud se va a ver rebasado, porque sí hay muchas campañas de prevención”.

También hizo un llamado a la población para estar al pendiente de la salud. “En la medida que puedan que cuiden y vean más por su salud, porque nos dedicamos más a otras cosas que a nuestra salud. En realidad, cuando nos preguntan qué es lo más importante, decimos que la salud es lo primero, pero la vedad es que nunca nos preocupamos por nosotros mismos. Uno no se preocupa por ir al médico, por checarse, por comer sanamente, entonces, debemos estar más al pendiente, porque una enfermedad también afecta a la familia y al entorno”.

Cifras

7 de cada 10 pacientes que han desarrollado algún tipo de cáncer oral consumieron bebidas alcohólicas o fueron fumadores empedernidos en algún momento de su vida.

2 de cada 3 personas con cáncer orofaríngeo fueron infectadas con el virus del papiloma humano en boca y garganta. Este tipo de mal es dos veces más común en hombres que en mujeres, debido a que tienden a consumir más tabaco o alcohol.