REPORTAJE | POR MAURICIO CONTRERAS

Nacido para volar

Guadalupe Bautista / Volador de Papantla

El espectáculo que se realiza diriamente en la explanada de la Feria de Leónes es una tradición que se ha pasado de generación en generación.

La ceremonia se hacía para pedir perdón a los dioses.
La ceremonia se hacía para pedir perdón a los dioses. (Mauricio Contreras)

León, Gto.

En la explanada de las Américas de la Feria de León, en punto de la 5:00 de tarde, la gente deja de platicar, comer o caminar. Todos se detienen y fijan su vista en el cielo, se disponen a disfrutar de una ceremonia que se remonta más de cinco siglos, los Voladores de Papantla .

Aparecen seis hombres con indumentarias blancas de manta, luciendo una banda de tela que les cruza el pecho, la cual está adornada con motivos prehispánicos y católicos bordados en chaquira , todos mezclados en un crisol de formas y colores. Sus cabezas portan yelmos adornados con flores de diferentes colores y pequeños espejos redondos que representan los rayos del sol .

Después de realizar una danza ceremonial alrededor del poste que les sirve de escenario uno de ellos toca un pequeño tambor y una flauta de carrizo para pedir perdón y agradecimiento a sus cinco dioses: el sol, el agua, el aire, la tierra y la selva, para que continúe la vida y el  balance cósmico.

Uno a uno van subiendo el poste de más de 30 metros de altura, ya en la cúspide realizan una última ceremonia.

Cuatro voladores dispuestos en orientación de los puntos cardinales toman posiciones, mientras que el caporal o sacerdote, de pie en el pináculo del poste, realiza una última ceremonia tocando su flauta y un pequeño tambor.

Los cuatro voladores se lanzan al vacío, solamente amparados con una cuerda que va sujeta a la cintura , así cortan con elegancia el aire, extienden sus brazos, agitando unas cintas de colores, dando vueltas y así, poco a poco, se van acercando al suelo, ante el asombro de chicos y grandes, dando por terminada la ceremonia de los voladores de Papantla .

Guadalupe Bautista, de 34 años de edad, de Papantla, Veracruz, uno de los seis voladores de Papantla, afirma que la ceremonia es para pedir perdón a la madre tierra por el daño que se le hace.

“Por tradiciones orales de nuestros antepasados sabemos que se cortaba de la selva un árbol de nombre palo del volador y la ceremonia es más que nada para pedir perdón a los dioses, para pedir perdón por los daños que le ocasionamos a la madre tierra, además de que son 13 vueltas las que se tiene que dar cada volador, son cuatro voladores multiplicados por 13 dan como resultado 52 vueltas, las cuales son las 52 semanas que tiene el año”, platica Bautista, al mismo tiempo que se seca el sudor con un paliacate

“En mi familia existe la tradición desde mi bisabuelo, mi abuelo, mi padre, ahora yo, y espero que mis hijos sigan con esta ceremonia. Mi primer vuelo fue a la edad de 6 años, fue en la Feria de Reynosa, Tamaulipas, recuerdo que le pedí permiso a mi padre, me dijo que sí, y de ahí para adelante me convertí en volador de Papantla” , señala Bautista.

“Cuando vuelo siento la adrenalina, relajo mi cuerpo, controlo mi  mente, la dejo en blanco, me concentro en lo que hago, no pienso en la familia, no me distraigo , solo controlo el bombeo de sangre, para que no me llegue a la cabeza , para que no me ocurra un derrame”, confiesa Bautista.

Además de disfrutar el espectáculo, los voladores de Papantla invitan a los presentes a adquirir las artesanías que ellos mismos fabrican con sus propias manos, además de la tradicional esencia de vainilla que también ofrecen.

Al finalizar, Guadalupe Bautista comenta que el ser Volador de Papantla se lleva en la sangre.