Arquitectura responsable

Tatiana Bilbao, arquitecta mexicana ganadora del Premio Mundial de Arquitectura Sostenible 2014 afirma que su trabajo procura ser responsable en todos los niveles 

México

Hablar de arquitectura sustentable es redundar. La arquitectura es, desde sus raíces y por las necesidades que satisface, un trabajo que no únicamente tiene un impacto medioambiental, también abarca contextos sociales, políticos, económicos y culturales… o al menos debería hacerlo. Por esto, el trabajo de Tatiana Bilbao, la arquitecta mexicana más relevante en la actualidad, trasciende a un nivel más consciente de la responsabilidad que recae en la arquitectura.

Cuando a Tatiana se le cuestiona el por qué se inclina por una “arquitectura sustentable” se remueve en su asiento y en dos segundos esta mujer, que el año pasado fue reconocida con el Premio Mundial de Arquitectura Sostenible, en París, aclara el por qué la palabra sustentabilidad se queda corta.

“Para mí la sustentabilidad no es un calificativo, para mí la sustentabilidad es parte de la buena arquitectura, yo creo que la arquitectura debe ser responsable con su entorno en todo el sentido de la palabra”, y explica que en la definición actual de esta palabra se contempla únicamente el ámbito medioambiental, pero se excluye la necesidad de trabajar con los contextos económicos, sociales, culturales y hasta políticos, “entonces yo no considero que mi arquitectura sea sustentable, yo considero que mi arquitectura es arquitectura y trata de ser lo más responsable posible”.

Con su trabajo, dice, se tiene en las manos la posibilidad de otorgarle o quitarle calidad de vida a una persona. Sin embargo, es consciente que esta responsabilidad se fue diluyendo con el paso del tiempo, aunque en los últimos 30 años fue más marcado que el actual sistema económico y social dejó de lado este compromiso de los arquitectos, “creo que es la consecuencia del capitalismo exacerbado en el que vivimos”.

Esto trae como consecuencia desarrollos habitacionales poco adecuados para que una familia completa viva en ellos, con espacios reducidos y pocas áreas comunes para el esparcimiento, sin embargo, y sin duda alguna, fue un modelo exitoso, y en este aspecto, explica, la arquitectura logró su objetivo de ser sustentable económicamente pero se descuidaron los demás aspectos a los que debe responder.

¿Cómo volver a ello? “recordando que la arquitectura tiene una responsabilidad muy grande y creo que eso está pasando. Hoy en día me da mucho gusto ver que la arquitectura está regresando a entender que tiene este poder”.

El mexicano es sustentable por excelencia

Las personas que menos recursos tienen, son aquellas que mejor los aprovechan. En México este fenómeno se cumple día a día.

El sector de la población más necesitado, que tiene poco acceso a nuevas tecnologías y que vive en una situación precaria es, paradójicamente, el más sustentable.

“Sobretodo en el país que tenemos, la gente con menos recursos es la que mejor los aprovecha, es impresionante, pero es así; la gente que más recursos tiene es la que más despilfarra y, en ese sentido, en este país somos muy sustentables, ¡es la verdad!”, explica.

A decir de Tatiana, quien en 2012 recibió el Premio Kunstpreis Berlin, por la Akademie der Künste en Alemania, en nuestro país son contados los desarrollos que pueden hacerse con toda la tecnología como en otros lugares del mundo, donde posterior a la construcción se piensa en todos los detalles para hacer edificios sustentables, “aquí sí tienes todavía que pensar un poquito en cómo responder a algunas necesidades”.

Y es que para Tatiana Bilbao es ridículo que teniendo todas las herramientas que posee la misma arquitectura, se gasten grandes cantidades de energía y recursos en volver sustentables a las construcciones, “por suerte el mundo se está dando cuenta que debemos regresar a lo básico”, y su cara de sorpresa e incredulidad pasa a una expresión más relajada que inmediatamente cambia y se exalta, “todas estas certificaciones de sustentabilidad requieren de tanta energía para lograrlo que mejor vámonos a lo básico, a lo más sencillo, lo más barato, lo más local posible, no tienes que certificarlo y vas a ser más sustentable que todos”.

La Ciudad de México tiene la mejor calidad de vida

“Desafortunadamente sólo vivimos 22 millones de personas en la Ciudad de México”, dice Tatiana y suelta una carcajada. Tiene un punto. La capital del país puede ser una de las más pobladas del mundo, pero tiene una calidad de vida más alta que muchas ciudades más pequeñas.

“¿Por qué? porque ofrece todo esto: tiene transporte, tiene espacios públicos y obviamente le falta, si nos ponemos a hacer la lista también puedo decir 20 mil cosas que serían buenas (para la ciudad) pero está muy bien equipada y tiene unas condiciones increíbles”, sostiene.

Algunos de los mejores esfuerzos por hacer a la Ciudad de México una de los mejores lugares para vivir son sus espacios públicos. Desde los pequeños jardines de barrio y parque de bolsillo, hasta el Bosque de Chapultepec, que es el gran pulmón de la ciudad en donde se congrega todo tipo de gente, de todos los niveles socioeconómicos y culturales, “eso me parece que es un regalo de esta ciudad en donde la gente realmente puede entender lo que es un espacio público”.

Sin embargo, otros 100 millones de mexicanos que no tienen el mismo acceso a espacios públicos. En ciudades como Guadalajara, Monterrey, León, San Luis Potosí y Querétaro existen esfuerzos por crear espacios públicos que beneficien a todos los ciudadanos, pero aún hace falta replicar estos modelos en todas las ciudades, por más pequeñas que estas sean.

Pero, en este punto, ¿de quién es la responsabilidad? ¿de los arquitectos? ¿desarrolladores? ¿gobiernos? ¿o son los ciudadanos quienes deben exigirlo?

Lamentablemente, explica Tatiana, esta responsabilidad recae en gobierno, desarrolladores y arquitectos y, de un sector muy pequeño de la población que entiende la necesidad de espacios públicos dignos.

“Nosotros, quienes ya tuvimos la posibilidad de vivirlo, sí tenemos esa responsabilidad de decir que el espacio público sí otorga calidad de vida, una vivienda mejor diseñada sí otorga calidad de vida, y lo tenemos que hacer para que entonces la gente pueda empezar a entender y entonces exigirlo”, concluye.

“Nos rendimos como gremio”

Los desarrolladores de vivienda en el país fueron ambiciosos.

No es desconocido que, con el peso de esa palabra, compraron terrenos baratos a las afueras de las ciudades y comenzaron a construir miles de casas, todas iguales en dimensiones y con pocos espacios de recreación al servicio de los habitantes.

Por supuesto, este modelo fue altamente rentable para los desarrolladores inmobiliarios, sin embargo repercutió directamente en los clientes finales, “fueron muy ambiciosos, realmente muy ambiciosos para explotar un modelo y llevarlo a la máxima rentabilidad posible y nada más y sin interesarse absolutamente en nada más”.

Tatiana, quien está íntimamente relacionada con el urbanismo y su impacto en la calidad de vida de las personas, explica que este modelo de casas en los suburbios funciona en países como Estados Unidos donde alrededor del 98% de la población tiene un automóvil para desplazarse, además que los servicios en estas áreas fuera de las ciudades son de mayor calidad e incluso existe transporte público adecuado, “el problema es que este sueño americano funciona en Estados Unidos. Aquí la cosa es muy distinta”.

En México únicamente entre el 20 y el 30% de la población total en el país tiene coche, lo cual crea necesidades muy distintas al esquema inicial, “No puedes copiar un modelo que tiene otro fondo, otro lugar de arraigo, otra cultura, para transportarlo e importarlo. No es así de fácil”.

En este punto, Tatiana es muy precisa y tajante al señalar la responsabilidad que tuvieron los arquitectos, “hubo un momento en la arquitectura que nos rendimos como gremio, no es sólo culpa de los desarrolladores de vivienda, sino también de los arquitectos. Nos rendimos y no nos acercamos a insistir que este era un tema de arquitectura”, dice mientras con el movimiento de sus manos recalca su idea.

Sin embargo, ve un cambio en su generación y en las siguientes, un cambio en el que los mismos arquitectos asimilen que no únicamente son responsables de decidir si las casitas serán pintadas de color rosa, azul o amarillo. No, su responsabilidad va más allá de la cuestión estética pues pueden aportar conocimientos de funcionalidad, maximización del espacio e incluso, como ella misma dice, aportar al modelo económico, “creo que mi generación de arquitectos todos ya estamos en la misma línea, tratando de ver cómo podemos entrar al modelo de vivienda social para poder cambiar las reglas”.

Y cuando se le cuestiona ¿se puede hacer esto? responde con toda la seguridad de su carácter: “definitivamente, se tiene que hacer”.


Mucho más con mucho menos

Tatiana Bilbao explica, con una sola palabra, las condiciones en las que viven millones de familias mexicanas que adquirieron una casa en desarrollos inmobiliarios de gran escala: irreales.

Para comenzar a generar un cambio, Tatiana y su equipo desarrollaron uno de los proyectos que más le emocionan: prototipos de casas económicas que tienen costos de entre 80 mil y 120 mil pesos, dependiendo del modelo que se elija y cómo se desea construirlo, “ya hicimos dos prototipos que se van a empezar a multiplicar para la gente que quiera adquirir esta casa o que quiera construir”.

Estas casas pueden replicarse y adaptarse en todo el país, pero se comenzará en Chiapas. La superficie total es de 63.35 m2, si es el modelo rural, o 61 m2 si es el modelo urbano y su objetivo fue que la vivienda popular fuera construida con materiales de calidad y un diseño espacial adecuado a un precio accesible.

“Su desarrollo requirió una amplia investigación sobre las condiciones de la vivienda popular en nuestro país, considerando diferentes factores sociales, culturales, ambientales y climáticos”, explica la misma Tatiana de su proyecto.

Lo que llama la atención de este prototipo de vivienda es que puede adaptarse en distintos aspectos: en su construcción pueden seleccionarse los materiales que se adapten mejor a la región; en el espacio puede ajustarse al crecimiento del núcleo familiar, y toda la vivienda puede convertirse en un espacio útil y funcional.

“En cuanto tengamos las aprobaciones de todas las instituciones para recibir los subsidios de Conavi, de todo para recibir subsidios del gobierno, se van a empezar a multiplicar”, explica.

Eco mundial

Con su trabajo, Tatiana Bilbao ha logrado reconocimientos internacionales.

2007 Premio Design Vanguard, de la revista Architectural Record.

2009 Nombrada una de las Emerging Voices, por la Architectural League de Nueva York.

2010 Tres de sus proyectos pasan a ser parte del acervo de la Colección de Arquitectura del Centro Georges Pompidou, en París, Francia.

2012 Premio Kunstpreis Berlin, de la Akademie der Künste. Berlín, Alemania.

2014 Premio Mundial de Arquitectura Sostenible, patrocinado por la Fundación Locus. París, Francia.

Fotos: Roberto Sánchez

Maquillaje: Lorena Pérez para Atelier Maquillaje