Mexicanos crean nanomateriales usando proteínas de virus

Un equipo multidisciplinario de científicos de la UNAM emplea la proteína VP6 del rotavirus para obtener tubos o esferas de escala nanométrica.

México

A partir de la reproducción artificial de una partícula pseudoviral (idéntica a un virus en su estructura, pero hueca porque carece de material genético), científicos de los institutos de Biotecnología (IBt) y Ciencias Físicas (ICF) de la UNAM crearon nanotubos y nanoesferas basados en proteínas virales.

Entre los usos potenciales de estos nuevos materiales destaca que tienen características para el desarrollo de biosensores —instrumentos para la medición de parámetros biológicos o químicos—, ya que cuentan con cualidades ópticas.

“También tienen propiedades conductoras, así que se pueden aplicar en la formación de circuitos electrónicos, importantes para desarrollo de computadoras y teléfonos celulares”, comentó Liliana Carreño, estudiante de doctorado que participa en la investigación encabezada por los ingenieros bioquímicos y doctores en biotecnología Octavio Ramírez y Laura Palomares, director e investigadora del IBt, respectivamente.

Esos materiales, añadió Carreño en un boletín, cuentan con propiedades catalíticas, por lo que también pueden emplearse en la industria química.

De fármacos a estructuras

Ramírez y Palomares, quienes son expertos en crear vacunas dentro de este tipo de estructuras conocidas como cápsides proteicas, encabezan un consorcio cuyos resultados se han ampliado del ámbito del desarrollo de fármacos a la frontera de los nanomateriales.

Junto con Carreño y su ex alumno Germán Plascencia, los científicos descubrieron que las partículas proteicas pueden inducir la formación de minúsculas partículas de oro, plata, paladio, platino y cobre, así como combinaciones de metales, lo que otorga propiedades únicas a los materiales.

Al análisis del potencial que tienen los nanomateriales creados con proteínas virales se sumó Jorge Ascencio, del ICF, quien durante años ha indagado rutas para lograr partículas estables para este tipo de estructuras que tienen varias aplicaciones en el área de la física.

Por este proyecto, los cinco expertos recibirán el Reconocimiento al Mérito Estatal en Investigación 2013, en el área de Investigación Científica e Innovación, que cada año otorga el gobierno de Morelos.

Contentos con la distinción, adjudican el logro al trabajo en equipo y a la interdisciplina. “Lo más importante de recibir un premio es que el trabajo de los científicos se hace visible a la sociedad”, resumió Ramírez.

Autoensamble

Las partículas pseudovirales, cuyo tamaño está en el rango de los nanómetros (millonésima parte de un milímetro), tienen la propiedad de autoensamblarse para formar tubos, láminas o esferas que solo se pueden distinguir con microscopios muy potentes, pues tienen diámetros muy pequeños.

“Lo que hacemos es aprovechar las proteínas, que son entes con propiedades únicas. La que usamos, VP6 del rotavirus, no tenía reporte de que uniera metales”, reveló Palomares.

En el laboratorio del IBt, Plascencia logró producir los primeros nanotubos de origen proteico funcionalizados con metales, que fueron mejorados en una segunda generación por Liliana Carreño.

Ascencio resaltó la valía de este trabajo, pues en la nanotecnología uno de los principales problemas es formar las partículas. “Controlan el tamaño, crean sitios activos y ponen metales o sistemas inorgánicos en superficies. Como físico he tenido problemas para dominar el tamaño y ellos lograron conglomerados de menos de dos nanómetros”, destacó.

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 Musgo renace tras mil 500 años congelado 

Un musgo en la Antártida renació después de pasar más de mil 500 años debajo de una capa de hielo, un récord que marca el mayor ciclo vital de cualquier planta conocida, según un estudio de científicos británicos divulgado ayer en Estados Unidos.

La investigación publicada en Current Biology describe la primera vez que un musgo logró sobrevivir durante un periodo tan prolongado de tiempo. Hasta ahora se tenía registro de musgo que había renacido solo después de 20 años. Las bacterias son la única forma de vida conocida por sobrevivir miles, incluso millones de años.

“Este experimento demuestra que organismos multicelulares, plantas en este caso, pueden sobrevivir periodos de tiempo mucho más largos de lo que se pensaba anteriormente”, dijo Peter Convey, investigador del British Antarctic Survey y uno de los autores del estudio.

Los investigadores tomaron muestras de las profundidades de un banco de musgo congelado en la Antártida. Técnicas de datación de carbono mostraron que las plantas originales tenían por lo menos mil 530 años de antigüedad.

“A pesar de que sería un gran salto con respecto al hallazgo actual, esto plantea la posibilidad de formas de vida complejas sobreviviendo a periodos aún más largos al quedar atrapados en el permafrost o hielo”, señaló Convey.

Washington/AFP

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