McQueen, la belleza salvaje de la moda

Museo Victoria and Albert de Londres
Partió de esta vida dejando un legado no solo de moda, sino de arte, belleza y hasta delirio
Partió de esta vida dejando un legado no solo de moda, sino de arte, belleza y hasta delirio (Alexander McQueen)

Londres

Partió de esta vida dejando un legado no solo de moda, sino de arte, belleza y hasta delirio. Su arsenal de diseños extraídos de su muy singular óptica se presenta actualmente dentro de la exposición Savage Beauty en el Museo Victoria and Albert de Londres, Inglaterra.

A manera de homenaje póstumo, una serie de colecciones privadas fueron reunidas para exhibir su mundo de fantasías y tormentos bajo la curaduría de Andrew Bolton. Savage Beauty ya había tenido lugar en el Museo Metropolitano de Nueva York en 2011 y ahora permanecerá en Gran Bretaña hasta el 2 de agosto de 2015.

"Londres es donde fui criado, donde mi corazón está y de donde obtengo mi inspiración". Estas fueron algunas de las palabras del célebre diseñador antes de truncar su vida el 12 de febrero de 2010, a los 40 años de edad. Su corazón perteneció a la capital británica, sus raíces a la vecina Escocia. Una severa depresión relacionada con la muerte de su madre Joyce, además de padecer otros problemas emocionales, lo arrastró a ahorcarse. Su cuerpo se encontró pendiendo en su departamento de Mayfair. Días antes había escrito algunos mensajes en su cuenta de Twitter revelando su dolor; su mayor preocupación era morir antes que ella.

Nacido en 1969, de apellido original Lee e hijo de un taxista; McQueen creció al este de Londres y abandonó la escuela a los 15 años. Pronto, su habilidad lo llevó a convertirse en aprendiz de sastre de la compañía Savile Row. Más tarde, obtuvo el puesto de diseñador en jefe de Givenchy de 1996 a 2001, después en Gucci y luego fundó su propio sello. El éxito fue tocándolo. En la capital británica se nutrió de los diversos estilos multiétnicos provenientes de barrios como Brick Lane. "Se puede tomar inspiración desde las calles, no se necesita ir hasta la India; puede encontrarse moda en lugares como éste", aseguró.

Declarado homosexual, nunca temió en exhibir su verdadera orientación a la par de su talento. Su nombre significa un antes y un después para la industria de la moda; él no solo se remitía a desfiles convencionales sino que con su imaginación, nutrida con dosis de literatura, historia, atrevimiento, umbría y sensualidad, montaba pequeños espectáculos teatrales sobre la pasarela que incluía fuego, agua o robots por igual. Revelando sus placeres y obsesiones, como fueron las mujeres, las aves y la combinación de éstas, encontró su propia voz inspirado en su origen escocés, la realeza Victoriana, las tribus de África y hasta en Edgar Allan Poe y Alfred Hitchcock dentro su faceta oscura y gótica, como se muestra a lo largo de este paseo que también alude a la religión y el sadomasoquismo. Materiales como plumas, cuero negro, cristales y espinas son evidentes en sus creaciones, dando un ambiente de fetichismo y catalogándolo como un modista excéntrico, pero muy solicitado.

La indumentaria es de colecciones privadas, entre ellas la de Isabella Blow, descubridora de McQueen a inicios de los noventa y quien también terminó suicidándose en 2007. Durante años vivieron una historia personal y profesional llena de altibajos en la que el éxito, el fracaso, la amistad, la rivalidad y las drogas tuvieron parte.

"Quiero que la gente le tema a las mujeres que visto". La figura de la mujer empoderada con sus vestimentas le resultaba crucial. Atavió figuras como Naomi Campbell, Kate Moss, Victoria Beckham, Sarah Jessica Parker y las cantantes Björk y Lady Gaga, cuyo video Bad Romance fue de sus últimas creaciones. Los famosos tacones estilo armadillo que calzó —parte de la colección futurista de 2010 Platos Atlantis—, se muestran aquí. La realeza británica y europea en general también han recurrido a su marca. Incluso, Angélica Rivera osó portar uno de sus diseños durante la visita presidencial de Enrique Peña Nieto al Reino Unido, aunque en realidad fue obra de Sarah Burton, quien quedó al frente de la empresa.

En el museo no encuentro una larga fila pese a que se han roto récords de asistencia. Explico al despachador de la taquilla que vengo de México y él, con sorpresa, responde que le parece que he emprendido un largo camino. Por el costo de 17 libras esterlinas (cerca de 400 pesos), se accede a este viaje cuya primera imagen es una fotografía de gran tamaño del mismo McQueen como dando la bienvenida a su universo de beldad y fetichismo.

Adentrarse en esta "belleza salvaje" es explorar la vasta mente del diseñador y su trabajo a lo largo de la década de los noventa y el nuevo siglo. Se percibe la atmósfera de una casa embrujada elegante, con momentos de luz y oscuridad simultáneos, de gallardía y lobreguez. Esta cronista siente nostalgia al escuchar el Adagio para cuerdas, de Samuel Barber, al fondo de la sala, como extrañando a alguien que nunca conoció pero cuya presencia etérea permanece en este recorrido de ensueño. Con los dedos roza las prendas, de tela muy fina y tersa. El resto de los visitantes, de edad madura y raza blanca la mayoría, pasea en silencio. Algunos observan o toman notas, otros más, entusiastas de la fotografía vía smartphone, no resisten llevarse una imagen clandestina.

A mitad del recorrido se entra a un espacio en penumbras con una pirámide de cristal en el interior, ahí se proyecta la imagen de una mujer fantasma. Se trata de un holograma muy glamoroso de Kate Moss, que gira con el tema musical de "La lista de Schindler", de John Williams e Itzhak Perlman, como fondo. La bella Kate danza al aire ataviada de un velo y un vestido blanco en una atmósfera de dramatismo y melancolía, como si se tratase de una diosa o una "Campanita" moderna. Para materializar al espectro se utiliza una técnica con espejos y fotografía llamada Pepper ghost, que existe desde el siglo XIX.

La única pata que cojea de este homenaje son las minúsculas etiquetas donde se explican los datos de cada vestido. Resultan complicadas, por no decir casi imposibles de leer.

Nunca sabremos qué camino hubiese tomado McQueen de haber superado el edípico amor que le profesaba a su madre y resistir el dolor en que quedó inmerso. Quizá no murió, quizá solo se despidió de este mundo para aterrizar en otro donde él mismo se transformó en una de sus tantas fantasías, un mundo sombrío de romance y belleza salvaje. "La gente encuentra mis cosas agresivas a veces, pero yo no las veo así. Yo veo romántico tratar con el lado oscuro de la personalidad".