Maxime Jacquet en entrevista

No es sólo un diseñador, él crea estilos y experiencias de vida.

Al buscar en el diccionario la definición de diseño encontramos que es una traza o delineación de un edificio o de una figura. También está como una concepción original de un objeto u obra. Pareciera que el término está bien definido, sin embargo, todo cambia cuando nos topamos de frente con el arte de Maxime Jacquet, quien reinventa el significado de una manera grandiosa y lo adapta por completo a su espíritu ecléctico.

Conocido como el bad boy of design y nombrado como uno de los 25 diseñadores más influyentes de Estados Unidos en 2014, Maxime es todo un personaje; nació y creció en Bélgica, pero desde 2008 se estableció en Los Ángeles, ciudad clave en su crecimiento y desarrollo. Por esta razón, su concepto está profundamente unido con ambas ciudades, “Bélgica me ha dado un extraordinario background en cuanto a arquitectura y diseño y EUA me ha enseñado a ser un hombre de negocios y a desarrollar mi marca”.  Cuenta que creció en Lieja, una pequeña ciudad donde no tenía alcance a la cultura del diseño, por lo que no se consideraba una carrera. No obstante, siempre tenía en mente expresar lo que había en él y hacer algo que influyera en la vida de las personas. Es por eso que al cumplir 18 años se mudó para buscar nuevas posibilidades y trabajar.

Con sólo 26 años y un inmimente talento, ha logrado posicionarse en un lugar muy especial dentro de la industria gracias a su proceso creativo, el cual incorpora high fashion e interiorismo. Esto se ha convertido en su sello personal, donde combina piezas y estilos, además de crear contrastes inesperados hechos a la medida de cada cliente. Su estrategia para hacer tendencias consiste en conocer las necesidades, la identidad y la manera en que vive una sociedad, por lo que “siempre va un paso adelante en cuanto a tendencias, color y accesorios”.

Considera que lo más fascinante del diseño es tener el poder de hacer cualquier proyecto único y trascendente con sólo seguir sus emociones. Al preguntarle sobre cómo se convirtió en diseñador, responde casi sin pensarlo: “no me convertí en diseñador, nací diseñador. Es algo que se lleva en la sangre y, no importa lo que hagas, esto interfiere en la manera en que ves el mundo”.

Sin duda, la moda es la principal fuente de inspiración de su trabajo, el cual piensa que debe evolucionar día con día. “El mundo no para, cada día vemos nuevas tendencias y objetos. El diseño está siempre a nuestro alrededor y no hay que olvidar que como humanos vivimos la misma evolución. En lo personal me gusta vivir el presente, no el pasado ni el futuro, eso sólo lo tomo como inspiración. Tengo la bendición de tener clientes trotamundos y de diversas culturas, lo cual me permite aprender continuamente”.

A pesar de tener una carrera corta, ha logrado el diseño de interiores de los sueños de cada cliente, donde lleva la fantasía a la realidad y deja su filosofía en todo lugar que esté a su paso. Ahora mismo está frente a un futuro prometedor lleno de metas, como globalizar su negocio de lifestyle, expandirse a otros mercados como la moda y la cosmética y seguir inspirando a las personas por medio de su trabajo. “El cielo es el límite, quiero hacer algo de lo que mi descendencia se sienta orgullosa de continuar”, finaliza