Mariela Sancari: Moisés, retratos de la ausencia

La muerte por suicidio de su padre fue el arranque de esta obra premiada en PhotoEspaña 2014, donde la fotógrafa busca encontrarlo en una serie de retratos a hombres que tendrían su edad.

Ciudad de México

En mayo de 2013 Mariela Sancari (Argentina, 1976) volvió a Barrancas, su barrio de infancia, en busca de su padre. Con una cámara y cientos de difusos recuerdos se instaló en la Plaza Colombia de su natal Buenos Aires a esperar el reencuentro. Durante tres meses retrató a decenas de hombres con características físicas similares a las de su progenitor y con la edad que él tendría si aún viviera.

En entrevista con Dominical MILENIO, la fotógrafa revela que su padre, Moisés Sancari, se suicidó cuando ella tenía 14 años. No hubo oportunidad para preguntas ni despedidas. A su hermana gemela y a ella se les impidió ver el cadáver y eso, asegura, las ha llevado incluso a dudar de su muerte.

“Contemplar el cuerpo inerte de la persona fallecida ayuda a superar una de las etapas más complejas del duelo: la negación. Nunca he sabido si no nos dejaron verlo porque fue un suicidio o por dogmas de la religión judía. La sensación de que todo fue una pesadilla, así como la fantasía que compartimos mi hermana y yo de que nos lo vamos a encontrar en la calle o en un café nos ha acompañado todos estos años”, señala la creadora afincada en México desde 1997.


“SE BUSCA”

La fotógrafa decidió cumplir esa fantasía y buscar a su padre entre rostros desconocidos. Gracias a una beca del FONCA, regresó a Argentina para retratar a hombres con la apariencia de su padre y de los que no tuviera ninguna información. A través de carteles que colgó en las calles bonaerenses y de anuncios en el periódico que incluían una fotografía de Moisés Sancari, convocó a hombres altos y delgados, que tuvieran ojos claros y bigote, y cuya edad oscilara entre 68 y 72 años, a incursionar en su proyecto fotográfico.

Sancari menciona que comprobó la certeza de la frase del filósofo Didi Huberman, “la imagen arde cuando toca lo real”, al realizar los retratos. Si bien los participantes no podían calificarse como seniles, sí eran evidentes los estragos causados por la edad. Desde los primeros retratos la fotógrafa comprendió que la memoria es engañosa, pues aunque era lógico aceptar que si su padre viviera no sería físicamente como ella lo recordaba, esos ancianos le hicieron palpar la realidad.

“La confrontación fue muy dolorosa. Yo me imaginaba a mi padre envejecido de cierta manera, pero no era tan consciente de lo mucho que lo había idealizado. Los hombres que llegaron ya eran viejos, algunos incluso mostraban cierto deterioro mental. Yo no viví el proceso de envejecimiento de mi padre y al verlos me di cuenta de que no había manera de saber cómo hubiera sido él”, reconoce.

El proyecto sufrió forzosas modificaciones. Como no podía adivinar si Moisés Sancari seguiría siendo delgado o conservaría el bigote, limitó los requisitos de la convocatoria a dos: la edad y los ojos claros.

En el estudio callejero que montó en la plaza donde jugaba cuando era niña, Mariela realizó los retratos utilizando con algunos modelos un suéter de rayas que perteneció a su padre, él único que conserva de él. “Fue una especie de zapatilla de cenicienta”, recuerda. Mientras ella les probaba “la zapatilla” muchos de ellos le contaban sus vivencias, mismas que registró en una bitácora.

Mariela reconoce que el proyecto no fue del todo como ella lo había planteado y que tampoco esperaba lidiar con ese torbellino de emociones. “No dimensioné el impacto que tendría en mí. El proceso fue muy doloroso. No puedo decir que estoy curada de nada pero debo aceptar que esa catarsis me ha servido muchísimo”, dice.

Desde sus inicios como fotógrafa el trabajo de Mariela Sancari ha sido autorreferencial. La búsqueda de la figura paterna, la memoria y la identidad son temas que ya había explorado en una entrega anterior titulada El caballo de dos cabezas, retratos de ella y su gemela con los objetos que aún conservan de su progenitor.

“Ha sido una necesidad asociar mis procesos personales con los artísticos. La ficción nos permite mostrar la bodega interminable del inconsciente, para luego revelar nuestros deseos y fantasías”, señala.

La serie Moisés ha recibido reconocimiento en festivales mexicanos como la Bienal de Artes Visuales de Yucatán y está incluida en la Bienal del Centro de la Imagen. Obtuvo prestigio internacional gracias al premio Descubrimientos 2014, otorgado en el Festival Internacional de Fotografía y Artes Visuales PhotoEspaña por un jurado compuesto por Ann Christin Bertrand, comisaria de fotografía de C/O Berlín, y Raphaëlle Stopin, directora artística de Hyères Festival, en Francia. El próximo año se exhibirá en España y en Australia.