La hermandad chilanga de Star Wars

Con disfraces de princesa Leia, Chewbacca o Darth Vader pero “a la mexicana”, los fans nacionales fueron capturados por Marcel Rius en un volumen de fotografías.

Ciudad de México

Hace ya varios años que Rosa María Durán decidió cómo será su último día. Lo supo en un cine, mientras miraba en la pantalla —por primera vez— cómo era el espacio sideral. Su hijo menor será el encargado de recibir el cuerpo y de ceñirle el disfraz que ella misma ha preparado para la ocasión. Primero irán la túnica y las botas blancas; luego el cinturón, la peluca y el arma galáctica. Es voluntad de esta mujer de 60 años ser velada una noche y luego incinerada así, con su traje de la princesa Leia, el personaje que conoció la tarde lluviosa en que su novio la llevó a ver Star Wars.

No es que esta mujer menuda y de rostro afable vaya a morir mañana o la semana próxima, pero a esa edad la vida se hace más delgada, más todavía si se padece cáncer de estómago. Pese a esa “pequeña tragedia”, no hay en su voz atisbo de amargura, ni por las sesiones de quimioterapia que destrozaron su organismo y la hicieron llorar noches enteras.

El secreto de Rosa María, su secreto, consistió en aferrarse a la religión fundada por George Lucas en mayo de 1977. Porque no hay otro modo de llamar a ese fervor que comparten millones de personas en México y el mundo por La guerra de las galaxias… a casi 40 años de la primera cinta.

Las manifestaciones de este culto se documentan en el libro Fanatic Wars (Trilce Ediciones), del fotógrafo Marcel Rius, quien durante dos años visitó a los seguidores de la saga en el DF y la zona metropolitana para fotografiarlos con sus disfraces y colecciones.

En este culto hay estudiantes, ingenieros, actores, maestros, nutriólogos, historiadores, amas de casa, edecanes, abogados, diseñadores y periodistas. Todos cuentan lo que ha representado esta historia en sus vidas y algunos aceptan que encontraron enseñanzas filosóficas o religiosas.

No sería nada complicado crear un corpus moral que dé sustento a su creencia a partir de sus testimonios. Una especie de 10 mandamientos de la saga:

1. Star Wars es una enseñanza de vida.

2. Es una lucha por el amor, la familia y los amigos.

3. Su significado es hermandad.

4. Permite identificar el balance entre el bien y el mal.

5. Es la felicidad de un niño que nunca crecerá.

6. La fuerza de un Jedi es el conocimiento y la educación.

7. Un Jedi convierte a un enemigo en amigo.

8. Nunca permitas que un instante de ira te acerque al lado oscuro.

9. Evita al máximo la agresión y trata de resolver todo sin violencia.

10. Si estás deprimido, ve una película de Star Wars.


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Fanatic Wars nació de una pregunta fantasiosa de Marcel Rius: ¿Qué habrá sido de los personajes de la saga con el paso del tiempo? El artista catalán de 43 años se imaginaba tomando fotografías a la princesa Leia en un table dance, pero lo que descubrió fue algo mejor: cientos de fanáticos que viven su culto a la mexicana y son capaces de crear un disfraz con dos o tres prendas.

Para ser seguidor oficial de Star Wars, los delegados de George Lucas en México tienen reglas estrictas. Nadie puede encarnar a Chewbacca si el pelo del disfraz no es de 10 centímetros, ni puede disfrazarse de Darth Vader si no mide al menos 1.70 metros. Los mexicanos, expertos en abolir reglamentos, soslayan esas imposiciones y hacen sus disfraces como les da la gana.

Alejandro Ramírez se convirtió en piloto de la fuerza rebelde con un overol naranja, botas negras y guantes de piel. María de los Ángeles Ruiz compró una túnica tradicional de Yucatán, la combinó con botas para la lluvia y se transformó en Leia. Más austera, Susana Hernández se ciñó un bikini café, botas de gamuza y cadena al cuello para transmutar en la misma princesa, pero en su etapa de esclava.

“El libro no me ha hecho rico, ni lo hará. Ahora soy más pobre de bolsillo, pero me siento muy bien por la obra”, dice Marcel Rius.


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Si alguien duda del grado de fanatismo que tienen los seguidores chilangos hay que atender los siguientes testimonios:

—Una novia de Alberto Corchado puso fin a su relación, porque el joven prefirió ir a una convención de Star Wars que al cumpleaños del suegro.

—El psicólogo Arturo Ayala se tatuó en los brazos al cazarrecompensas Boba Fett, un robot R2-D2 y un Stormtrooper (guardia imperial). Para presumirlos en la calle, arrancó las mangas a todas sus camisas y playeras.

—A Ernesto Flores, vendedor de motocicletas, le gusta vestir como Anakim Skywalker. “El lado oscuro me sedujo y sé que ambos somos rechazados por el sistema”, explica.

—El abogado Luis Jiménez tiene invertidos 300 mil pesos en su colección de artículos y disfraces de Star Wars. No la venderá, salvo por una emergencia o para garantizar la educación de su hija.

—El pintor Marcelo Salles quiso ponerle a su hija el nombre de Padmé Amídala, madre de la princesa Leia. Su esposa “lo mandó al carajo”.


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El cáncer de estómago trajo noches de insomnio a Rosa María Durán, pero esta telefonista de American Express utilizó ese tiempo para hacer lo que más le gusta: crear disfraces. Es normal verla en las convenciones de cosplayers (contracción de costume play referida a quienes utilizan disfraces representativos), vestida de Guasón, Isabel II o la princesa Leia.

La gente se le acerca, se toma fotos con ella, le pide autógrafos y eso la hace feliz. Para corresponder, les escribe en pequeños papelitos “Que la fuerza te acompañe”, que es una manera de decir “Que su dios los acompañe”.

“Cuando vuelvo a la realidad el cáncer sigue ahí, pero está controlado. No tengo miedo. Disfrazarme de Leia me enseñó que nada debe intimidarme. Cuando muera quiero que me velen y me incineren con mi traje de la princesa. Así me dará menos miedo. Sé que la fuerza estará conmigo”, asegura Rosa.