Cómo visitar a tu tía favorita y que te atienda como rey

Hace 25 años, afuera de la fábrica de tortillas de harina “El Cisne”, en un carrito modesto la señora Magdalena González, inició la venta de gorditas rellenas. Hoy, su menú ha crecido.

Torreón, Coahuila

Hace 25 años, afuera de la fábrica de tortillas de harina “El Cisne”, en un carrito modesto la señora Magdalena González Vázquez, inició la venta de gorditas rellenas.

Con el paso del tiempo la demanda era mayor, se iban empleando más personas y poco a poco el emporio de “El Cisne” se ha fortalecido.

Hoy, este establecimiento de comida no solo ofrece gorditas, su menú ha crecido a los desayunos mexicanos, bufetes para eventos especiales, menudo los domingos, barbacoa, huaraches, sopes, postres, jugos, licuados y café.

Unos se sienten con tanta confianza, que hasta citan a sus clientes para cerrar tratos.

Tomar asiento en este restaurante es un símil de recibir la atención de nuestro familiar favorito, quien se dedica a atendernos de manera especial. Iniciando con un “buenos días” y aderezado de una sonrisa.

“Realmente mi comida es normal, como la que todas las amas de casa en algún momento han hecho. En realidad no tengo nada especial o una receta secreta”, comparte Magdalena.

Sin embargo, su especialidad es la atención y el sabor casero: “nosotros cumplimos con despacharlos lo mejor posible y darles el mejor servicio. Así como tener el negocio limpio y ofrecer con calidad los alimentos".

Aunque no tiene contabilizada cuánta comida hacen, calcula que cada semana usan tres bultos de harina solo para cubrir la demanda de las gorditas.

“Hay ratos que no nos damos abasto” señala mientras hace las cuentas en su mente.

“Realmente mi comida es normal, como la que todas las amas de casa en algún momento han hecho".

Expresa que hay días que la gente pide tanto algún guiso, que a media mañana acuden a preparar “otra tanda”, por lo que siempre tienen preparado desde antes porciones de los ingredientes para cocinar más rápido.

La clientela de “El Cisne”, suele tener la característica de ser cautivo por todos los años que le prefieren.

Incluso la frecuencia de sus visitas en ocasiones se convierte  de “mucho” a “diario”, otros comensales han seguido el sabor desde que existía aquel carrito con el que la señora Magdalena empezó.

Unos más se sienten con tanta confianza, que hasta citan a sus colegas o clientes a una de las mesas del restaurante para cerrar tratos.

Ya sea preparando buñuelos para aquellos antojadizos que quieren acompañarlo con el café, lavando los últimos trastes que se ensuciaron, o acercándole todo a la cocinera María, atiende el negocio como si fuera la cocina de su propia casa, dándole a este espacio un aire acogedor.