La Shanghai colonial

A principios del siglo XX, Shanghai era la ciudad más moderna de China, y y para recibir a los visitantes se construyeron hoteles que se convirtieron en los centros de la vida social.

Shanghai

Hotel de la paz

El frenesí modernizador que afectó a Shanghai en los últimos 30 años hizo desaparecer mucho de la historia de la ciudad, pero dejó intactos algunos hoteles que hoy en día siguen abiertos e invitan a conocer aquel capítulo de la historia de la ciudad. Es el caso del Hotel de la Paz, que reabrió sus puertas en agosto de 2010, después de una renovación de tres años para recuperar gran parte de su arquitectura original.

Enclavado en el Bund, el malecón fluvial sobre el río Huangpu donde está el principal conjunto de edificios históricos de la capital financiera china, este hotel abrió por primera vez sus puertas en 1929 bajo el nombre de Hotel Cathay, con lo más moderno de aquellos tiempos, desde el aire acondicionado a las bandas de jazz.

"Toda la alta sociedad de la Shanghai de los años 30 frecuentaba el Cathay", comenta la historiadora Jenny Laing-Peach, australiana de ascendencia shanghainesa que coordina el programa de preservación histórica del hotel.

Además de políticos y estrellas de la ópera y del teatro chinos de la época, el hotel fue la dirección en Shanghai de estrellas de Hollywood como Charles Chaplin o Marlene Dietrich.

La idea de construir el primer hotel del Bund, instalado entre decenas de instituciones financieras, se debe al millonario inglés de origen iraquí Victor Sassoon, quien años antes se había establecido en la ciudad y hecho fortuna en el sector inmobiliario.

Tras la revolución de 1949, el edificio pasó a manos del Estado, que cambió el nombre a Hotel de la Paz y sumó a las instalaciones el edificio vecino, entonces el Hotel Palace, que recientemente reabrió como un hotel separado de aquél, con un proyecto de residencias artísticas.

 

Reflejos de épocas pasadas

Del largo periodo en que el hotel estuvo bajo administración estatal (hace unos años pasó a manos de una cadena de hoteles de lujo canadiense) quedan recuerdos curiosos, como los cupones para el estacionamiento de bicicletas, reflejo de una época en la que los coches eran escasos en China.

Los cupones, junto con vajillas, cubiertos, lámparas, sellos y otros objetos forman parte hoy de un pequeño museo que ocupa un salón cercano al vestíbulo del hotel. "Fue increíble la cantidad de objetos originales que se encontraron, incluso cristales Lalique totalmente preservados", dice Laing-Peach.

"Muchos detalles de la arquitectura original del edificio, como los cristales del techo del vestíbulo, habían estado cubiertos hasta la renovación, y creo que gracias a ello pudieron sobrevivir tanto tiempo", añade.

En los años posteriores a la revolución de 1949, el gobierno vio en los ornamentos art déco una mala influencia burguesa y un recuerdo del pasado colonial de la ciudad, a consecuencia de la derrota china en la Guerra del Opio, a mitad del siglo XIX.

 

Hotel Park

Principal rival del Hotel de la Paz en la primera mitad del siglo pasado, el Hotel Park también tuvo protegidos gran parte de los elementos decorativos de su arquitectura, hasta que una renovación llevada a cabo en 2001 permitió dar a conocer a las nuevas generaciones parte de los ornamentos originales.

El edificio de 84 metros de altura, que en la actualidad parece discreto entre sus vecinos de la Plaza del Pueblo por la intensidad de luces y neones de éstos, en el momento de su inauguración, en 1934, era el que más llamaba la atención al ser el más alto de toda Asia.

La torre fue diseñada por el húngaro Laszlo Hudec, que se convirtió en uno de los principales arquitectos de la Shanghai art déco. El edificio mantuvo el reclamo del más alto del continente hasta 1952, y solamente en 1983 dejó de ser el mayor rascacielos de la ciudad.

Sin embargo, el Hotel Park sigue manteniendo un papel destacado en la geografía shanghainesa, puesto que ocupa el punto justo que marca el centro de la metrópolis, detalle que recuerda a sus huéspedes con un mapa en metal que destaca su céntrica posición.

Ubicado delante de lo que entonces era un hipódromo y hoy es una de las zonas de mayor tráfico de Shanghai, la Plaza del Pueblo, el hotel fue construido por cuatro magnates bancarios chinos para servir de competencia al Hotel de la Paz.

 

Villa Moller

Mientras la fachada del Hotel Park destaca hoy por su sobriedad en medio de la asimetría y el festival de luces de la Plaza del Pueblo, otro edificio construido tan solo dos años después llama la atención por su exotismo: la Villa Moller.

El edificio no figura entre los hoteles icónicos de la Shanghai art déco, puesto que, construido para servir de residencia a un magnate sueco, solamente fue transformado en hotel en el 2001.

Sin embargo, el castillo con influencia gótica terminado en 1936 que mezcla art déco con elementos orientales (al tiempo que evoca los cuentos de hadas de Hans Christian Andersen), refleja como pocos otros edificios la mezcla de culturas que experimentó Shanghai a principios del siglo XX.

La semejanza con los castillos de los cuentos de hadas ha originado incluso una historia repetida por guías de turismo y páginas de internet sobre Eric Moller, un sueco que hizo fortuna en Shanghai en la industria naval y construyó el edificio según los deseos de su hija, gran admiradora del escritor danés.

Una historia que, según el gerente del hotel que hoy ocupa el edificio, Jerry Xu, "es una leyenda". Sin embargo, Xu garantiza que es verdadero el hecho de que en un principio Moller se hizo rico gracias a una apuesta por un caballo de carreras, al que homenajeó con una escultura que adorna el jardín de su casa. "Se dice que lo hizo para jamás olvidarse de su historia", asegura el actual gerente.