De Gnarls Barkley, drogas visuales y literatura juvenil

Entrevista con José Antonio Sánchez Cetina, autor de "La primavera del mars"
José Antonio Sánchez Cetina
José Antonio Sánchez Cetina (Ediciones SM)

México, D.F.

“La primavera del mars” es la historia de Joaquín, un huérfano de padre por su uso de una popular droga. Para evitar que sus amigos cayeran en al misma adicción, dice una mentira que crece y se le sale de las manos. Su autor, José Antonio Sánchez Cetina recibió el premio Gran Angular 2014, el más importante en América Latina dentro de su categoría.

Cetina tiene 27 años, es maestro en Políticas Públicas e investigador en el CIDE, pero desde muy joven empezó a escribir. Esta es su primera novela, después de incursionar con cuentos y ensayos y pasar por los talleres del autor mexicano Alberto Chimal.

A lo largo de la novela abundan las referencias musicales, pero los New Radicals, The Cardigans y Jamiroquai son familiares para alguien que se acerca más a los 30 que a los 17 ¿pretendías presentarles música a tus lectores más jóvenes?

Elegí canciones que no llegan a ser clásicos, probablemente no se escuchen en 10 años nunca más, pero que fueron buenas canciones en su momento; no son ni las más chafas ni las mejores. Sirven para la apología a ultranza de sencillos [presente a lo largo de la novela]. También hay referencias más contemporáneas como Amy Winehouse, o Crazy de Gnarls Barkley, lo que me gusta que mis historias tengan sonidos de fondo.

¿Cuál es la gran lección –si es que la hay- de “La Primavera de Mars”?

La lección número uno es que nadie está listo para ser el redentor de todos los demás. Joaquín acaba metiendo a la gente que quiere en más broncas de las que podía manejar. Pero la otra es que no está tan mal intentar ayudar, mientras la intención sea buena.

La misión de los premios de la Fundación SM es elegir obras que “transmitan valores que ayuden a construir un mundo digno” ¿cómo contribuye a ese propósito “La primavera del mars”?

Escribí esta historia sin pensar que estuviera orientada a un certamen como este. Haberlo hecho hubiera sido un reto muy complicado. Podría caer en cosas moralinas con el reto de que siguiera siendo fresca. Yo partí de la idea de la creación de un mito, la adicción a una droga que quizá no existe. Existe el mundo peligroso, el atractivo y el feo de las drogas. Cuestionar qué tanto es la sustancia y que tanto es cada uno es una pregunta que creo que nos hacemos todos. 

¿Qué opinas de etiquetar la literatura como “juvenil” o “infantil”?

Las etiquetas son útiles en la medida en las que ayuden a que un texto llegue a más gente. Es cierto que mis temas y el tono son más cercanos a los jóvenes, pero es literatura a la que le puede entrar cualquier persona. Aunque no me gustaría que se quedara relegada en el cajón de las novedades juveniles, sé que podría gustarle más a ese público.

¿Qué tan auto referencial es tu novela?

Todavía se me complica separarme de mi personaje. Escribo de lo que conozco, para que no me lleve a un mal puerto. Mucho de lo que pienso está en la voz del narrador, que se notan en las viñetas sobre el padre y las reflexiones sobre sencillos. Las referencias musicales también tienen un poquito de autobiográfico.  Es música que recuerdo y que me gusta.

¿Hay algún tema recurrente en tu trabajo?

Tengo algunas cositas publicadas pero todo en el terreno de los cuentos. Me gusta moverme en la literatura de la imaginación, de ciencia ficción o fantasía. Me gusta que tengan ese ingrediente, de cosas que no pasan en el mundo que conocemos. 

¿Desde cuándo escribes? ¿Cómo un politólogo decide incursionar en la literatura?

La parte literaria fue anterior a las políticas públicas. Cuando salí en 2010 me gustó el ámbito académico y me quedé. Primero quería estudiar música y luego letras hispánicas, que tenía a mi familia muy preocupada. Empezaron una gran campaña para desincentivarme. Entonces decidí estudiar algo tradicional y que la cuestión de la literatura fluyera: entré a talleres y cursos y seguí escribiendo. Fui a talleres de cuento y narraciones y así logré combinar ambas esferas. Con Alberto Chimal estuve durante años, le debo mucho.

¿Qué leías cuando tenías la edad de tus personajes?

Cuando iba a la prepa empecé a leer a Lovecraft. Antes, en la secundaria, leía a Edgar Allan Poe. Me gusta mucho lo que hacen, no he llevado mi pluma a un punto solemne como ese, pero han marcado mucho lo que hago.

¿Trabajas en algo literario actualmente? ¿Qué planes tienes a futuro?

Estoy trabajando en una historia para niños.

¿Qué consejo les darías a tus lectores jóvenes que quieran escribir?

Lo primero es leer. A veces es un poco raro, pero quien quiere ser escritor no lee. La única manera de hacer historias es leer historias. Lo demás es no tenerle miedo a una hoja de Word en blanco y ponerte a hacer algo. 

 

Los premios Gran Angular existen desde 1996, gracias a la alianza entre Ediciones SM y Conaculta por convocar a escritores radicados en México con obra dirigida a niños y jóvenes. Los ganadores forman parte del catálogo de Gran Angular, cuya colección nutre año con año a las Bibliotecas Escolares y de Aula de todas las escuelas públicas del país.