Los misteriosos moais en la Isla de Pascua

Esta isla está rodeada de agua, volcanes extintos y una cultura misteriosa.
Imagen del Ahu Tongariki, el más grande que existe y que que reúne 15 moai, el cual fue reconstruido entre 1992 y 1995.
Imagen del Ahu Tongariki, el más grande que existe y que que reúne 15 moai, el cual fue reconstruido entre 1992 y 1995. (EFE)

Aunque chilena, la Isla de Pascua se ubica a más de 3 mil 500 kilómetros de Santiago de Chile, lo que se traduce en un vuelo de unas cuatro horas. Una imagen que define a esta isla, surgida a partir de la conjunción de tres volcanes, es la de los moai, esas enormes estatuas de piedra de forma humana y que sorprendieron almirante holandés Jacob Roggeveen, quien los confundió con personas, por lo que creyó que se trataba de una tierra de gigantes.

Roggeveen llegó durante el domingo de resurrección de 1722 y que por ello la nombraron como Isla de Pascua.Pero mucho antes ya era Te Pito o Te Henua, que significa “el ombligo del mundo”, del mundo polinésico.  Hoy Rapa Nui, el nombre indígena de Isla de Pascua, es Patrimonio de la Humanidad de la Unesco.

Hacia el año 300 d.C., una sociedad de origen polinesio creó, al margen de toda influencia externa, grandiosas formas arquitectónicas y esculturales dotadas de una gran fuerza, imaginación y originalidad. Desde el siglo X al XVI, construyó santuarios y esculpió numerosos moai, gigantescos personajes de piedra que forman un paisaje cultural inigualable y fascinan hoy al mundo entero.

En la actualidad hay más 600 moais y aunque su significado es incierto, se cree que son representaciones de antepasados difuntos. La enorme mayoría son figuras masculinas, todas diferentes entre sí, talladas hasta la cintura, con los brazos que caen a los lados del cuerpo, con protuberantes abdómenes y dedos largos y muy delgados, y una imponente altura de entre cinco y siete metros, aunque en Rano Raraku se puede contemplar el mayor, de casi 21 metros.

Pero la cultura ha dejado en Rapa Nui algo más que moais. En especial los petroglifos, de los que una buena muestra está la antigua aldea ceremonial de Orongo, junto al volcán Rano Kau cuyo cráter es ahora un lago y ofrece unas preciosas vistas del océano.

Para los amantes de la naturaleza y el buceo los fondos de Rapa Nui ofrecen, gracias a la escasa contaminación un visibilidad envidiable y su lecho submarino conforma paisajes de gran belleza, como la Cathedrale -un tubo de lava submarina quebrado por fallas o Motu Kao Kao, donde existe un moai sumergido, a 24 metros de profundidad hecho en cemento y de tres metros de altura, creado por el artesa local Beto “Tonfa” Riroco, en honor del buzo Paea.