El francés que se esfumó

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"Inmediatamente fui a su Facebook y como flash ya me tenía eliminada a mí y a todos los amigos en común".
"Inmediatamente fui a su Facebook y como flash ya me tenía eliminada a mí y a todos los amigos en común". (Shutterstock)

Ciudad de México

En MILENIO estamos celebrando el 14 de febrero por todo lo alto, por eso estamos regalando dos membresías Seis Grados, un servicio especializado para ampliar los círculos sociales de sus socios, y que de esta manera puedan conocer a personas con un estilo de vida similar y con quienes puedan comenzar una relación sentimental. Puedes consultar las bases aquí.

Nadie me pelaba, solamente escuchaba de cada hombre un “que buena onda eres”. Senté cabeza y dije “llegó el príncipe azul”, literalmente azul, aquel francés ojiazul me contactó en una página a la que meses antes me había inscrito motivada, o casi obligada, por una amiga que pasaba de relación en relación buscando el amor desesperadamente o unos brazos para conseguir sólo minutos de amor o placer mutuo. Demasiada información.

Recibí aquel correo que jamás olvidaré. Era un sábado 4 de junio cuando el asunto del correo tenía como título en letras mayúsculas “ME INTERESA CONOCERTE”. Cuando vi a aquel hombre dispuesto hacer todo por mí, me sentí la mujer más afortunada del mundo. La gorda buena onda traía galán: un francés que vendría a México a conocerla. Sabiendo del aspecto físico de la mujer, él se volvía loco y no importaba, el amor era primero.

En febrero llegó el gran día. Ahí sola en el aeropuerto de Oaxaca esperaba su llegada. Fue sorprendente, un gran beso selló toda la historia de amor, dos semanas en la playa y yo ya tenía hasta las damas de honor. La despedida fue dura pero las promesas fueron muchas. En menos de un mes, un día como cualquier otro, él mando un mensaje: “eres la mujer más especial que he conocido, tuve las mejores vacaciones y deseo que encuentres alguien que te haga feliz gracias por todo”. Inmediatamente fui a su Facebook y, como flash, ya me tenía eliminada a mí y a todos los amigos en común.

Ese día aprendí a no adelantarme a las situaciones ni a hacer historias vanas y saber que la gorda siempre encontrará príncipes, pero nunca un rey para su castillo.