Me dejó con el anillo de compromiso puesto

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Juan Carlos me dio el anillo de compromiso, vivimos juntos antes de casarnos y luego me abandonó.
Juan Carlos me dio el anillo de compromiso, vivimos juntos antes de casarnos y luego me abandonó. (Shutterstock)

Ciudad de México

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* Texto enviado por una contadora, de 28 años.


Juan Carlos era el hombre de mi vida. Todavía recuerdo su imagen la primera vez que lo vi: él llegaba de un viaje de trabajo y yo estaba sentada justo en su lugar. Recuerdo su mirada, su pelo, su ropa. Todo. Esa imagen jamás la olvidaré.

Él se acercó para decirme que ése era su lugar y preguntarme si podía tomar algunas cosas. Me paré de inmediato y busqué otro lugar para mí. Desde ese instante supe que existía una conexión indescriptible entre nosotros.

La decepción llegó cuando, días después, me enteré de que Juan Carlos era casado. La noticia me desalentó y dejé a un lado mis ilusiones.

Sin embargo, él empezó a buscarme y me platicó que tenía un hijo y que estaba separado. Debo confesar que cuando lo supe, me alegré.

Juan Carlos y yo empezamos a salir. Nunca fue un hombre muy cariñoso, pero el amor que desde siempre sentí por él fue inimaginable.

Salíamos cada vez que él me buscaba, pero de repente dejaba de hacerlo y yo seguía esperándolo. Nunca le fui infiel, probablemente él a mí sí. Sin saberlo, Juan Carlos me envolvía en sus mentiras. Un día me miraba y al otro, parecía que se había olvidado de mí. Era un torbellino de emociones.

Él jamás estuvo conmigo en los momentos más importantes de mi vida, en los ratos de tristeza o de felicidad plena. Juan Carlos estaba sólo cuando él quería.

Yo sabía todo lo que esto implicaba, sabía que él no me amaba, que sólo jugaba y se aprovechaba de mis sentimientos. Yo lo sabía, pero mi corazón, no. Mi alma lo seguía queriendo más que nunca. Eso no lo comprendía mi corazón, por más que le explicaba, seguía amándolo.

Luego de seis años de estar juntos, entre altibajos de emociones y más momentos tristes que felices, Juan Carlos me dio un anillo de compromiso, unos días antes del 14 de febrero. Él dijo que me amaba, prometió estar conmigo toda la vida, en las buenas y en las malas.

En ese momento, Juan Carlos me hizo la mujer más feliz del mundo. Le creí. Parecía la vida perfecta: teníamos casa, perro, anillo, absolutamente todo para la boda y decidimos irnos a vivir juntos antes de casarnos.

Los primeros meses fui muy feliz, jamás he vuelto a sentir tanto amor. Juan Carlos me consentía, me cuidada, me buscaba, simplemente, me amaba.

A los pocos meses de vivir juntos y poco antes de casarnos, él empezó a cambiar: ya no me buscaba, deseaba hacer su vida independiente, sin mí. Empecé a deprimirme. Peleábamos mucho. Yo no podía entender cómo alguien que ama tanto, de la noche a la mañana dejar de sentir.

Yo seguía amándolo. Intenté todo, absolutamente todo. Él jamás volvió a 'sentir' lo que dijo que sentía.

Finalmente, Juan Carlos decidió irse de la casa. Recuerdo ese día: yo llegaba del trabajo y él ya tenía listas las maletas de la mudanza. No pude detenerlo. Sentí que mi mundo se caía. Lloré inconsolable. Sola. Triste. Con mis ilusiones muertas y el alma destrozada. Ese día, morí lentamente.