Conmoción nacional con la captura de "La Quina"

En enero de 1989, Joaquín Hernández Galicia, líder sindical petrolero, fue acusado de todos los males posibles que no habían tenido solución. En EU, Ronald y Nancy Reagan dejaron la Casa Blanca.
Enero de 1989.
Enero de 1989. (Cecilia Rojas)

Torreón, Coahuila

La SARH reconocía que La Laguna conservaba su importancia agropecuaria y también que por las condiciones climatológicas no se comparaba con otras regiones del país. Se consideraba esto como un reto, sembrar en el desierto, pero el costo ha sido alto.

Se anunció la muerte del emperador de Japón Hirohito, que tuvo un papel clave en la segunda guerra, pues fungió más bien como empeorador.

Se armó la rebambaramba en Torreón porque a través de un túnel, 34 reos se fugaron del Cereso.

De plano las autoridades se declararon incompetentes para recapturarlos. Quesque el narco financió la fuga.

Salinas decía que la deuda era el enemigo a vencer. Llamaba a la unidad pero el pobre nomás no tenía chiste.

Los empresarios desconfiados prefirieron ampararse por si acaso tenían que cerrar sus negocios. Y el flamante presidente se puso necio y quería obligar al campo a producir.

Al día diez fue capturado "La Quina", Joaquín Hernández Galicia, líder sindical petrolero. Se hizo un escándalo y se temió que faltaran combustibles, pues hubo paros por parte de trabajadores de la industria. Tanto que se querían "La Quina" y el gobierno.

Como pasa en estos casos, a "La Quina" le cargaron todo lo que no se había resuelto. Le encontraron armas, dinero, cuanta cosa.

Junto con él hubo decenas más de detenidos, en los primeros pasos de la política ficción.

No sólo los martirizados alemanes pedían la caída del infame Muro de Berlín. Un funcionario gringo también lo solicitó. Fue un deseo cumplido en noviembre, un ícono de los tiempos.

La UAL y la UANE traían un pleitazo por los edificios que alguna vez habían compartido. Un divorcio universitario en pleno. Aparte a la UAL no le querían dar validez a sus estudios, aunque en ese mes lo lograron.

Salieron Ronald y Nancy Reagan de la Casa Blanca y en su lugar se quedó otro igual o peor, George Bush.

Al despedirse de los trabajadores domésticos de la presidencia gringa, la pareja presidencial saliente lloró. Bush asumió su mandato orando.

Ya se sabía, pero las avezadas autoridades mexicanas denunciaban que en EU había muchas cuentas multimillonarias de varios líderes petroleros. 

México veía al nuevo presidente como una esperanza contra la deuda. Pero de volada, armó la mentada franja fronteriza anti braceros y así empezaron mal las relaciones con Mr. Bush.

Un viejo chisme que ronda todavía, se originó posiblemente entonces, cuando empresarios chilangos dijeron que traían planes de poner un gigantesco centro de diversiones, estilo Reino Aventura, en Torreón.

Después andaban diciendo que un Disneylandia, pero pues no, nomás tenemos los jueguitos de la Alameda.

Aún se desconocían muchos mecanismos sobre el SIDA. En Rusia, enfermeras usaron jeringas infectadas con VIH para dar medicamento a niños, enfermaron a 27, condenándolos prácticamente a muerte.