Un telégrafo urgente llega de noche

En 1918 se publicó en La Opinión que los agricultores laguneros estaban con el pendiente, porque Hacienda ya había amenazado con que no iban a dejar exportar unas 50 mil pacas.
Publicación de La Opinión de agosto de 1918.
Publicación de La Opinión de agosto de 1918. (Milenio Digital)

Torreón, Coahuila

A diferencia de la cosecha de mujeres que nunca se acaba, según una popular canción, la del algodón no fue lo que se esperaba, por que hay que ser sinceros, siempre se esperaba de más.

Se comenzaba a hablar del "egido" o ejido y la repartición de la tierra tras la Revolución y la nueva Constitución. Faltaba un buen para que se repartiera la tierra. Que tristeza que no funcionó. Ya hasta la están privatizando de nuevo. 

Ya los agricultores laguneros estaban con el pendiente de ver qué iban a hacer. De pilón, la Secretaría de Hacienda ya había amenazado con que no iban a dejar exportar unas 50 mil pacas que ya estaban listas.

Por fin, las autoridades per-Judiciales iban a tomar riendas de sus destinos, por que las autoridades inferiores andaban sueltas del mecate, deteniendo a gente que no debían.

Seguían llegando noticias alarmantes sobre la retirada de las tropas alemanas, que no tenían piedad y dejaban muerte y desolación en cualquier pobre aldea que se les cruzara por mala suerte en el camino.

En la sección "Lo que opinan los demás", el doctor Máximo Savil advertía sobre los matrimonios con familiares y los peligros en la descendencia, lo que les pasó a las monarquías.

El médico señalaba que entre otras posibilidades los hijos podrían ser sordomudos, estériles, abortados, albinos, locos o idiotas.

Y por poco se provoca una tragedia en la ciudad entre los usuarios de teléfonos Woessner, por que uno de los cables telefónicos se cruzó con los de la luz. Y así anduvo la gente cotorreando, sin saber que estaban a expensas de un toque tremendo, fulminante. Lo bueno que alguien se dio cuenta.

Que los alemanes que regresaban a su tierra iban todos confundidos, además de flacos, ojerosos, cansados y sin ilusiones. Y como no, si les fue como en feria a los pobres. Pero la semilla del odio iba sembrada muy profundo.

Muy feo se dejaron ver los trabajadores del telégrafo. Unas personas fueron a mandar un mensaje al deceso de un importante comerciante, para pedir permiso de llevar el cuerpo al DF. Eso fue temprano. En la noche, todavía no salía el recado.

Antonio Guzmán y la señorita María Salas, integrantes de notables familias de la colonia Española, anunciaban su enlace matrimonial para el día 17, en lo que sería sin dudas, un importante acontecimiento social para la región entera.