El chisme del asesinato de Lenin

En septiembre de 1918 La Opinión publicó que el rumor cuasó gran alarma. Lo que no lo fue que  los bolcheviques tenían amenaza de fusilar a unos cinco mil prisioneros burgueses.
Publicación de La Opinión, septiembre de 1918.
Publicación de La Opinión, septiembre de 1918. (Milenio Digital)

Torreón, Coahuila

Por medio de La Opinión, los tablajeros de Torreón se dieron cuenta de que les iban a cambiar el horario para la matanza del ganado y por ese mismo medio se dirigieron a la autoridad para mostrar su descontento.

Apenas se había implantado el reglamento de automóviles en la ciudad y ya andaban todos infringiéndolo, así que se hacía un atento llamado al regidor de coches, por que había uno, para que no anduviera manchando las paredes y dejaran de sentirse dioses guiados por escuálidos jamelgos.

Sobre la calle Treviño y avenida Morelos, se inauguró una de las más modernas plantas eléctricas de La Laguna una Lalley, independiente y que brindaba servicio a los alrededores. La señorita Anita Amador honró la marcha.

Por cierto, se informaba que las primeras multas se las pusieron a cinco finas personas, que no tuvieron a bien agarrar sus derechas en las boca calles. Ya ni por los conos que ponían.

Sobre la guerra, se corría muy fuerte el run run de que el generalísimo mariscal Von Hindenburg se había suicidado, pero este susodicho era desmentido. Aunque con tanto descalabro, el pobre ya no hallaba donde meterse.

Con todo y guerra, se daba a conocer que las cosechas en Alemania venían muy bien. En particular, se aumentó la producción de las deliciosas papas, que son perfectas para casi cualquier cosa.

En tanto, en Rusia mataron a Lenin, aunque era puro chisme.

Pero lo que no era chisme, era que los bolcheviques tenían amenaza de fusilar a unos cinco mil prisioneros burgueses que tenían en su poder. Menos los que ya habían tronado sin previo aviso. Fue una matanza que no tuvo sentido, como todas esas muertes bélicas.

Otro chismecillo era desmentido, pues según esto, los gringos habían claudicado en la guerra europea, pero nanáis. Iban convencidos de valores como la libertad. Y el presidente Wilson y sus compañeros en el poder, sabían que eso iba a resultar en buen negocio.

Por cierto que era alabada la actitud de México tras la invasión, breve pero concisa, de tropas gringas en Nogales, Sonora y aquello se calificó de buen juicio, aunque francamente, lo más probable es que muchos ni cuenta se dieron, si no, ya ve usted como somos.

Se denunciaba al inspector de la policía de Torreón, que sus muchachos se divertían confrontando a vagos mayores para el deleite de vagos más chiquitillos, fomentando así el camino del vicio y sabe Dios que más. Sobre todo, los pleitos eran en el barrio de La Paloma Azul.

Jaames Leck era un jurista gringo que escribió un libro titulado "Alemania ante el tribunal de la civilización", y se regalaba a los aliados de EU, que más bien, EU eran los aliados de las potencias europeas.

En el "Criterio de La Opinión", se destacaba que el peligro de una hambruna, siempre latente en México, iba medio alejándose, por que en los campos de cultivo, había harto alimento para los mexicanos.