Una gran novedad: los trenes helados

En septiembre de 1918 La Opinión publicó que llevaban carne, verduras, leche, todo aquello que necesitaba refrigeración, de forma segura a los campos de batalla.
Hemeroteca La Opinión, publicación de septiembre de 1918.
Hemeroteca La Opinión, publicación de septiembre de 1918. (Milenio Digital)

Torreón, Coahuila

Se informaba en La Opinión sobre algo muy importante: las matrículas en las escuelas primarias de La Laguna. Por diversas circunstancias, la educación en México había sido algo secundario, terciario y hasta puesto en cuarto plano.

Los famosos traficonos no son cosa nueva, ya para entonces, se utilizaban de manera novedosa en la ciudad de Torreón, una de las más vanguardistas del mundo, si del mundo, para dirigir el tráfico. Aunque estaban hechos de madera.

Única y exclusivamente por urgencia, una persona vendía 70 latas de manteca Sancocho, de marrano legítimo, bien baratas y al mejor precio. A los interesados se les informaba en el Hotel La Española en Torreón.

El presidente ruso Tschalkoski declaraba que su país quería establecer una cortina de tropas aliadas, por que se sabía de cierto que los alemanes andaban ahí rondando como moscardones para caer en el soviet.

Y bueno, el gobierno ruso andaba muy escaso de fondos. Que los soviets, que las cortes de los zares, no se supo quien, dejaron las arcas rusas vacías.

Los Romanoff ya no estaban en el mundo, pero de todos modos, fueron inculpados de muchas cosas mucho tiempo.

Para "El Criterio de La Opinión", escribía Erasmo Hernández que la tiranía no era lo mismo que los tiranos, pues el tirano bien podría fungir desde la democracia.

Siempre nos han engañado con que es la forma de gobierno que nos rige. La verdad, los griegos nos darían una patada si nos vieran.

Entre las novedades del frente de batalla, estaban los "trenes helados", que llevaban carne, verduras, leche, todo aquello frío y que necesitaba refrigeración, de forma segura a los campos de batalla.

¿Para qué? Los pobres soldados de todos modos morían en combate o por infecciones tan simples que hoy serían difíciles de creer.

Aunque habrá que admitir que de alguna manera, esas subsistencias ayudaron sí, a conseguir posiciones de ventaja en plenos campos de batalla. Puras inovaciones que no conocía el mundo.

Por cierto que los soldados yanquis usaban una cosa nuevecilla, las granadas de gases, no tan letales como las de explosivos, pero que si atarantaban bastante al enemigo.

Entre las novedades laguneras, se fundó la Sociedad Excélsior, nada que ver con el periódico, que procuraba el mejoramiento y bienestar del sexo bello lagunero y estaba integrada por notables señoritas delo más pulido, granado y fino de la sociedad.

Y para terminar con nota roja, se daba a conocer que un tal Florencio G., que andaba hasta el querreque de ebrio, mató al señor Vicente V., y sin decir ni agua va, hechos ocurridos en Lerdo. Puro caos.

Un carro y un tranvía chocaron en Lerdo. Las llevó de perder el carro que transportaba alfalfa para las vacas y quedó destrozado. Los conductores quedaron algo cateados, pero les salió barato el caldo.

Se quejaban los torreonenses de que los guardianes de la ley, se la pasaban sentaditos en la banqueta y hasta se aventaban un sueñit  y con la calor, ni como inculparlos del todo, pero mientras, las ratas, a gusto.