Andaba torciendo el rabo la germania

En 1918 La Opinión publicó que unos 200 mil obreros alemanes se declararon en huelga y fueron enviados al frente sin que ellos quisieran, aunque con garantías de parte de los aliados occidentales.
Hemeroteca Diario La Opinión, publicación de septiembre de 1918.
Hemeroteca Diario La Opinión, publicación de septiembre de 1918. (Milenio Digital)

Torreón, Coahuila

Andaba torciendo el rabo la germania, por que unos 200 mil obreros alemanes se declararon en huelga y fueron enviados al frente sin que ellos quisieran, aunque con garantías de parte de los aliados occidentales.

La verdad ya nadie quería a la guerra. No había ilusiones como las habría en la segunda guerra, ni había incentivos de ninguna índole, sólo muerte, caos y destrucción.

Puras cosas que no eligen más que los locos, como el Káiser.

Entonces las autoridades tampoco hacían caso a los reportes. Se le pedía al encargado de limpieza de Torreón que los carros que regaban las calles, que no dejaran tanto lodazal.

Y si, todo era malo. Pero, según un editorial publicado en nuestra Opinión, antes de la guerra, había dos oficios que los invidentes podían ejercer: afinadores de pianos y cepilleros. Pero, por desgracia, la población invidente crecía.

En Reuilly, Francia, se les enseñaba a elaborar cestería, tonelería, ajustes telegráficos y telefónicos, mecanografía, etcétera, etcétera, labores que requerían fino cuidado de parte de otros sentidos.

Casi como si fuera una ventaja de la guerra, pero ¿quién gana con una incapacidad permanente? Bueno, es factible, sin embargo, perder algo tan valioso siempre es una desgracia.

En tanto, se determinaba por los articulistas de La Opinión, avezados observadores, que la paz no sólo se hacía con la espada, sino también con el arado y que la mejor medida para los extraviados cabecillas era el trabajo en el campo.¿Por qué no?

Orgullosos, los alemanes ciertamente no se rendían del todo, aunque si hablaban de despojarse de guantes blancos y emplear siempre la mano férrea.

Un soldadito austríaco aprendía de todo eso. Era el señor Adolf Hitler, que se resguardó un gran odio por todo y todos, y que lo dejaría caer luego.

Todavía no se conmemoraba en forma el día de las madres, pero para los mexicanos, la madre más grande era América. Con su nombre santificado y bendito y que luego los vecinos del norte se agandallaran, y ahí está que uno no puede decir que es de América, por que piensan que es gringo.

El senador gringo Hamilton Lewis declaraba a la prensa británica, porque andaba en Londres, que su país y albión no tenían planes de hacer una alianza militar, que eran puros chismes.

Alejandro Agaffanoff, ruso, fue el primer valiente que se ofreció a volar desde América a Europa por el Atlántico. Tenía tan solo 27 años y ya era un respetado veterano de guerra.