En 1918, elecciones civilizadas en La Laguna

La Opinión publicaba además que cada vez que los alemanes se escapaban de algún campo de batalla salían como locos, claro, a punta de trancazos quien no.
Publicación de La Opinión en 1918.
Publicación de La Opinión en 1918. (Milenio Digital)

Torreón, Coahuila

Pues nada que las elecciones laguneras estaban de lo más civilizadas, tranquilas y calmadas. No que otras veces. Y que después se verían tremendas reyertas.

Cada vez que los alemanes se escapaban de algún campo de batalla salían como locos, claro, a punta de trancazos quien no. De repente se daban el lujo de arrasar donde podían, pero a veces ni eso.

En la editorial de La Opinión se dedicó un espacio a los habladores del sexo feo, que son unos más feos que otros por cierto. Y es verdad que son bien chismosos. El texto los dividía entre inofensivos y los piores, los ofensivos.

Aparte de todo eso, la gente buscaba como divertirse. En el Club Latino-Americano, se vivió la nota artística con un concierto machín de audiencia concurrida y con escogidos números de música y canto.

Y bueno, los alemanes se quejaban amargamente de que sus compatriotas que habían caído prisioneros en las manitas gringas sufrían de muy malos tratos.

EU lo negaba todo, aunque reconocía que los ponía a sembrar y cosechar calabazas y otras cosas, ocho horas al día, pero que les pagaban.

Por cierto que es probable que el Tío Sam nunca creyera que iba a tener tan tremendo éxito al entrar a la guerra, pero lo tuvo. Por medio de enormes barcos, enviaban provisiones a las tropas de todos los países amiguis.

Al comienzo de la guerra, Guillermo II de Alemania era una figura de temer. Pero a esas alturas, ya no había respeto por el teutón y cada vez estaban más cotorras las caricaturas que le hacían. Cierto que no era guapo, pero lo pintaban más feo. Y casi siempre dando el real changazo.

Nueva York despedía a su alcalde John P. Mitchell que chocó en un avión que tripulaba el mismo. Fue un gentío de gente y hasta pusieron en la corte funeraria al caballo del extinto, con todo y silla y espada.