¿Miau?

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Ni siquiera Disney lo habría imaginado: los gatos hablan. Hay quien está plenamente convencido de que los felinos tienen su propio lenguaje, con el que dejan ver su estado de ánimo y de salud y manifiestan sus necesidades más inmediatas. En el curso de los próximos cinco años, un equipo de investigadores de la Universidad de Lund, en Suecia, intentará probar que sí, que los gatos hablan. Pero primero que nada, lograron convencer a las autoridades universitarias de la seriedad de lo que parecería una idea descabellada y acaban de recibir un presupuesto para emprender sus trabajos en busca del significado profundo de cada miau.

En el grupo de investigadores participan lingüistas, especialistas en el comportamiento de los animales y médicos veterinarios que trataran de descifrar la prosodia en el lenguaje felino. Estarán pendientes de la inflexión de los miaus, de su entonación y de su acento, entre otras características de sus posibles comunicaciones. Escuchando de manera sistemática el tono de sus maullidos estarán en posibilidad de establecer si expresan agradecimiento, enojo, placer o alguna necesidad. Los estudiosos se proponen también poner en claro la manera como se comunican entre ellos, con un ejemplar de otra especie y con los humanos.

Necesitarán, por supuesto, un montón de felinos elocuentes, chismosos, intrigantes, malhumorados y extremadamente sensibles, que dejen ver claramente su estado de ánimo, como cualquier humano. Y es que por ahí va la cosa. Los científicos creen que estudiando las comunicaciones de los gatos podrán establecer hasta qué grado pueden ayudar a los humanos a controlar sus niveles de ansiedad, su presión arterial y hasta su grado de depresión. Piensan que podrían estar frente a la posibilidad de unos bichos prácticamente terapéuticos, que podrían llegar al hogar de ciertos pacientes por recomendación de los médicos.

La idea parece menos disparatada en el contexto de la devoción que sienten los europeos por los gatos. Es frecuente, al otro lado del Atlántico, la escena de hombres y mujeres de todas las edades viajando con su gato en tren, en automóvil y aun en bicicleta, o sentados a la mesa de una terraza en compañía de un adormilado felino.

No por nada las imágenes de los gatos circulan muchos en estos días de miedo en Europa. Cuando las autoridades belgas, francesas y alemanas han pedido a la ciudadanía evitar textos o imágenes en las redes sociales sobre los recientes atentados que han sufrido estos países, los usuarios han respondido con una suerte de lenguaje felino: se envían unos a otros por montones imágenes de todo tipo de gatos. Muchos han recobrado la serenidad con este curioso diálogo casi de igual a igual mientras miran a los gatos vestidos de Superman, durmiendo dentro de una bota militar o disparando con un rifle desde una ventana.

En realidad tampoco hay mucho que investigar. Ya se sabe que las mascotas se parecen a sus dueños.

 

*Profesor-investigador de la UAM-Iztapalapa