Hecho en Japón, ensamblado en Guanajuato

De padre mexicano y madre japonesa, Rodolfo González Ono creció en el sincretismo México-Japón lo cual le dio las herramientas para moverse sin dificultad entre dos mundos.

León, GTO.

Entre Kioto y León hay 11 mil 318 kilómetros, pero entre las culturas japonesa y  mexicana ya no hay distancias geográficas.

En 1962, el ceramista michoacano de nombre ruso, Gorky González, hizo el viaje que cambiaría su destino. Gracias a una beca, tomó un avión a Okayama, Japón para estudiar técnicas de cerámica y su vida ya nunca fue la misma. Se enamoró de Toshiko Ono.

El siguiente paso era natural. Se casaron y dos hijos nacieron de esa relación. Gorky y Rodolfo González Ono.

El primero siguió los pasos de la artesanía, como su padre, como su abuelo. El segundo se inclinó por estudiar en Japón. Cursó Relaciones Internacionales en la Ciudad de México. Luego hizo un posgrado en Tokio con un enfoque en seguridad nacional y políticas de desarrollo industrial. Pero sus estudios en el extranjero comenzaron mucho más temprano. Cursó sexto de primaria en la tierra del sol naciente.

Los viajes para visitar a los abuelos y haber crecido en el sincretismo méxico-japonés le dieron las herramientas para moverse sin dificultad entre los dos mundos y para guiar a otros a hacer lo mismo.

Si un empresario japonés quiere hacer negocios en México o viceversa, lo contacta a través de su compañía Global Pacífico Consultants, que fundó en 2006.

El Acuerdo de Asociación Económica (EPA, por sus siglas en inglés) firmado entre Japón y México en 2005, incrementó considerablemente las relaciones económicas entre ambas naciones. Firmas como la de González Ono son “Virgilios” para los “Dantes” que exploran otros mundos.

La consultoría fundada por un mexicano está basada en Tokio y funciona como una oficina de representación para apoyar y promover negocios entre ambos países.

Antes de establecerla, el guanajuatense trabajó seis años en la Embajada de México en Tokio como consejero cultural de la Embajada y posteriormente como comisionado de la Secretaría de Agricultura.

A partir de octubre de 2013 colabora con la Secretaría de Desarrollo Económico de Guanajuato para ayudar a atraer más inversiones al Estado.
“En dar más atención a las empresas japonesas que están en el proceso de venirse y necesitan una atención personalizada”, cuenta.

Estar en el mismo huso horario, hablar el mismo idioma y conocer la cultura facilita las negociaciones para las empresas asiáticas interesadas en invertir en este lado del mundo.

La relación entre ambas naciones va in crescendo.

“Guanajuato en lo particular se vuelve el clúster automotriz más dinámico del continente. Es una gran oportunidad para todos”, explica.

Hace 400 años llegó la misión diplomática Hasekura a México. Venían a hacer negocios, a expandir fronteras. Ese fue solo el antecedente de lo que hoy es el corredor industrial del Bajío gracias a las inversiones asiáticas.

“Representa nuevas fuentes de empleo, nuevas oportunidades de capacitación y de hacer relaciones con Japón”, asegura.

Apenas hace unos días las empresas niponas Honda y Mazda extendieron sus tentáculos en Guanajuato. González Ono sabe de lo que habla.