Dormir como hacendado

Cada hacienda en México tiene leyendas y sorpresas que es posible descubrir como huésped o turista.

Ciudad de México

Cuenta Ignacio Castillo que “hace varios años yo alcancé a ver a un hombre vestido de charro. Nosotros creímos qui era el que cuidaba la casa, pero no podía ser porqui el que cuidaba antes ya se había muerto. Y cuantimás un charro elegante, pos no es pa’ que anduviera cuidando una hacienda abandonada. (...) Fuimos al punto donde habíamos visto al charro ese que le digo, y mire que ya estaba escarbado. Hallamos puros carbones regados por ahí”.

La leyenda del fantasma vestido de charro en la hacienda La Corcovada, en el municipio de Villa Hidalgo, San Luis Potosí, viene recogida en el libro Haciendas del Altiplano, historia(s) y leyendas, del cronista mexicano Homero Adame. Y como esta hay cientos.

La magia y el misterio de sus ancestros rodean estos hermosos edificios ubicados en medio de campos verdes alejados de las grandes urbes.

Algunos propietarios han reformado las casas para convertirlas en hoteles de lujo, espacios de descanso o restaurantes. Otros edificios se conservan gracias a que las comunidades aledañas no los destruyeron. Si bien algunas de estas joyas arquitectónicas se encuentran en la ruina. Esto se debe, según el cronista histórico Homero Adame, a que “los buscatesoros se han encargado de destruir lo que queda en pie”.

Existen en el Altiplano de México ejemplos de estas casas convertidas en centros culturales o museos. Se trata de El Refugio, en Charcas; y La Salinera, en Salinas; ambas en el Estado de San Luis Potosí o La Corcovada y Peotillos, ambas en Villa Hidalgo, también en ese Estado.

Hubo dos casos que albergaron la alcaldía de sus municipios (Las Cruces, en Moctezuma y San Juan de Salinillas, en Salinas), y otro adicional sigue siendo presidencia municipal (El Carro, en Villa González Ortega, Zacatecas).

Origen y decadencia

Cuando los conquistadores llegaron al norte de México, descubrieron tierras vírgenes óptimas para labranza y cría de ganado. “Un caso extremo fue el del capitán Francisco de Urdiñola, el mal llamado marqués de Aguayo, título que nunca ostentó, quien logró poseer el latifundio más extenso en la época virreinal”, cuenta Adame.

A principios del siglo XIX, el malestar de los criollos empezó a crecer, pues opinaban que la tierra les pertenecía y no querían pagar tributo a la Corona. Tal inconformidad dio origen a la guerra de Independencia iniciada en 1810, según la historia oficial.

A partir de entonces, los grandes latifundios empezaron a fragmentarse, por herencia o por compraventa, y la mayoría dejó de ser propiedad de españoles para pasar a ser propiedad de criollos.

"Es sabido que muchos de los grandes latifundistas no vivían de tiempo completo en sus haciendas y, en algunos casos, ni siquiera las conocieron. De hecho, la mayoría radicaba, por lo general, en las ciudades importantes, como Matehuala, Real de Catorce, Saltillo, San Luis Potosí, Zacatecas o la ciudad de México, dejando sus haciendas a cargo de administradores", indica el experto.

La Hacienda Del Molino, en Puebla, está considerada Patrimonio Cultural de la Humanidad por su belleza arquitectónica y el legado cultural que posee.

La expansión hacendaria del siglo XIX en el Altiplano se dio principalmente en la región norte de San Luis Potosí, en el sur de Nuevo León y en el suroeste de Tamaulipas, donde los grandes latifundios virreinales se habían fragmentado. Gracias a las bonanzas mineras de Real de Catorce y de La Paz, se formaron numerosas haciendas de campo más pequeñas.

"La decadencia de casi todas las haciendas mexicanas sobrevino con la Revolución. Aunque la esclavitud había sido suprimida oficialmente en México, lo cierto es que en las haciendas seguía practicándose", indica Adame.

Respecto a las haciendas, hay muchos casos cuya historia documentada es inexistente o muy escasa ya que los archivos fueron quemados o están perdidos.

Sin embargo, gracias a la historia oral se pueden reconstruir algunos pasajes históricos e imaginar cómo se vivía junto al fantasma del charro: “Una vez encontraron los huesitos de un niño chiquito, pero los sacaron y los volvieron a enterrar ahí mismo en un cuartito. Ansina lo hicieron los que hallaron ese cadáver porque pa’ no meterse en líos con la ley, mejor lo volvieron a enterrar”. Solo por si acaso.

Haciendas

Hospedaje virreinal

Para hospedarte en hermosas haciendas reformadas, las opciones son amplias. Destaca la página especializada Hoteles y Haciendas de México enumera atractivos hospedajes en todo el país.

Hacienda de La Luz: ubicada en límites del estado de México con Michoacán, una zona alta y boscosa.

Hacienda del Molino: a 15 minutos del centro histórico de Puebla, está considerada Patrimonio Cultural de la Humanidad por arquitectura.

Hacienda El Carmen: a 45 minutos de Guadalajara, cuenta con hotel y spa en un edificio del siglo XVIII.

Hacienda Los Laureles: se encuentra en una de las zonas residenciales más exclusivas y apacibles de la ciudad de Oaxaca.

Hacienda San Ángel: ubicada en el centro de Puerto Vallarta, con sus tradicionales calles empedradas y sus casas de paredes blancas, balcones de hierro forjado y techos de teja roja.

Hacienda Vista Hermosa: a sólo unos minutos de Cuernavaca, en Tequesquitengo, se encuentra esta histórica hacienda fundada por Hernán Cortés en 1529.