Fiestas del Jubileo de oro de Torreón

Se celebró a fines de septiembre de 1957 con una velada de lujo en el Casino Royal, presente la crema y nata social de entonces. El pueblo festejó en la calle.
Arzobispo de Durango, Monseñor José María González y Valencia.
Arzobispo de Durango, Monseñor José María González y Valencia. (Milenio Digital)

Torreón, Coahuila

A fines de septiembre de 1957 se daban por terminadas las fiestas del Jubileo de Oro de Torreón, con una velada de lujo en el Casino Royal, presente la crema y nata social de entonces. El pueblo festejó en la calle. 

De visita a la ciudad de Gómez Palacio, venía el Arzobispo de Durango en conmemoración de las bodas sacerdotales de Monseñor José María González y Valencia. 

El Papa Pío XII seguía haciendo desesperados llamados a la paz mundial. El mundo parecía caerse a pedazos y no había a nadie más a quien culpar que a la misma humanidad.

Por seguridad, el prelado venía con una guardia suiza, como la que tiene el Vaticano, con sus uniformes medievales y todo. 

También vino a consagrar el Templo Expiatorio a Jesús Sacramentado, que fue construido gracias a los auspicios de una dama gomezpalatina, doña Ana González Pimentel viuda de Torres. 

El Arzobispo duranguense estuvo acompañado por el Arzobispo de Zacatecas, Monseñor Antonio López Aviña, en una conmemoración litúrgica en solemne rito.

Quedó como uno de los templos más interesante en cuanto a su arquitectura. Se ubica aún en la calle Degollado, casi en la esquina del bulevar Agustín Castro. 

Y había con que. La mesa del templo estaba hecha de mármol de Carrara, finísimo, la Custodia dorada y elegante, reposaba en un tálamo de mármol con bronce. 

El templo quedó abierto para la sociedad en general, justo el día 14 de octubre de aquel año. Aún los laguneros no sabían que la Diócesis de Torreón ya se había instaurado. 

Monseñor José María González y Valencia cumplía sus 50 años de ordenación sacerdotal el día 28 de octubre de aquel año. La Opinión publicó un especial sobre su vida y obra. 

Nacido en Cotija, Michoacán en 1884. Vivió los tiempos de la Revolución ya como seminarista, pues ingresó ahí en el año de 1901. Combatió en la Cristiada y tuvo que irse del país, al destierro en Estados Unidos, Italia, Francia y Alemania. 

De visita a la ciudad de Gómez Palacio, venía el Arzobispo de Durango en conmemoracion de las bodas sacerdotales de Monseñor José María González y Valencia.

Se decía que era un defensor de los derechos de Dios, cada vez que volvía a la patria, fundaba alguna obra dedicada a Dios, un seminario, una institución dedicada a obras de caridad, algo para mejorar la vida de la gente. Así pues, fue una grata y muy pía visita. 

Por cierto, el pobre Papa Pío XII seguía haciendo desesperados llamados a la paz mundial. El mundo parecía caerse a pedazos y no había a nadie más a quien culpar que a la misma humanidad, a quienes dirigían los trágicos destinos. 

En México una tecnología nueva, la televisión, avanzaba rápidamente y se lograban mejoras, aunque era aún un lujo para la mayor parte de la población. 

En nuestra Laguna, además de las visitas eclesiales, la Universidad de Coahuila fue fundada al día 26 de octubre. Faltaba poco para que Torreón recibiera la gran noticia.