Las axilas femeninas sin rasurar están de moda

...pero son mucho más que eso
No sólo es el vello, es el vello a juego con la cabeza (literal y metafóricamente)
No sólo es el vello, es el vello a juego con la cabeza (literal y metafóricamente) (Roxie Hunt)

El pelo en las axilas está pasando por un buen momento. La actriz de Girls, Jemima Kirke, lució el suyo con orgullo en los premios de moda CFDA, Miley Cyrus es tan fan de las suyas que les photoshopea encima de fotos de Katy Perry. Cientos de mujeres en el mundo presumen su vello teñido de colores y en China hay un concurso para la mejor foto de axilas peludas.

Katy Perry swannnnginnnn from my pits!!!!

Una foto publicada por Miley Cyrus (@mileycyrus) el

Pero esto no es una extravagancia ni una innovación, las mujeres llevan muy poco tiempo rasurándose debajo de los brazos. No fue hasta principios del silgo XX, -en 1915- cuando se pusieron de moda los vestidos sin mangas, que las revistas de moda de la época hicieron regla las axilas sin vello. Las mujeres obedecieron el mandato y para los años 20 las ventas de rastrillos se habían ido al cielo.

Pero eso pasó en Estados Unidos (y por nuestra cercanía, eventualmente en México). En Europa la tendencia lampiña también permeó, pero no tanto. Todavía circulan fotos de la diva italiana Sophia Loren, bien entrados los años 50, luciendo el pelo bajo sus brazos con orgullo en glamorosos eventos.

Algo que Marilyn Monroe no hubiera hecho nunca.

Por eso es que Estados Unidos, a finales de los años 60 y a lo largo de los 70, las axilas sin rasurar fueron tan trasgresoras y simbólicas. Dentro de los movimientos de los derechos civiles surgió la segunda ola del feminismo y con ella, las feministas radicales. Las chicas del movimiento se caracterizaron por sus creencias de izquierda, por oponerse a la guerra y al poder. Su filosofía se centró en liberar a los sexos y lo manifestaron eliminando símbolos de opresión de género. Uno de esos símbolos son los sostenes (que contrario al ideario generalizado nunca quemaron) y otro, el pelo debajo de las axilas. Patti Smith lució las suyas en la portada del disco Easter, de 1978.

No fue hasta los 90 que las axilas sin rasurar volvieron a aparecer. Después de los conservadores años 80, feministas de todo el mundo buscaron concientizar a las nuevas generaciones. El efecto en algunas chicas fue dejarse crecer el vello. Entre ellas estuvo Julia Roberts, en, quizá, la foto que más polémica ha generado en su vida. La actriz se atrevió a pasear por la alfombra roja con un vestido del mismo color y las axilas al viento.

Pero no fue hasta el siglo XXI que el vello empieza a tener gran auge. En 2007 el fotógrafo Ben Hopper emprendió un proyecto que llamó Natural Beauty en el que actrices, diseñadoras y modelos, lucen sus axilas sin rasurar.

Este es el antecedente directo del fenómeno mediático y social que estamos viendo hoy. Madonna publicó una foto mostrando sus axilas en Instagram y causó un escándalo como en sus buenos tiempos de juventud. Chicas universitarias de todas las carreras están tirando a la basura sus rastrillos y ahorrando miles de pesos en cera. Algunas de ellas después se pintan el vello para que haga juego con su pelo de colores.

Pero como sucedió en los años 70, el vello puede ser mucho más que una moda. En China, la activista Xiao Meili organizó un concurso en Weibo (el Twitter chino) que llamó la atención de Wei Tingting, Li Tingting y Zheng Shuran, otras tres prominentes feministas para evitar el acoso sexual en el transporte público. Este consiste en tomarse una foto exhibiendo el vello y publicarla en el sitio. La chica que más likes genere se lleva un paquete de condones, un vibrador o un dispositivo para hacer pipí de pie. Hoy cierra la competencia.

Estamos en un momento histórico en el que feminismo volvió a ser un tema de debate generalizado en el mundo. Algunos lo han llamado “la tercera ola feminista” que refleja la lucha que se quedó pendiente a finales del siglo XX. Una de las diferencias con las feministas radicales de entonces, es el énfasis en las decisiones individuales de las mujeres, que dejan en segundo plano el impacto político que estas tengan, de acuerdo a Rachel Fudge, colaboradora de Bitch Media.

Que podría no estar equivocada. Ojalá Miley se entere y Madonna recuerde que renunciar al rastrillo significa mucho más que una foto para Instagram.