ENTREVISTA | POR JOSÉ MANUEL VALIÑAS

Susana zavaleta Actriz y cantante

La actriz y cantante nos comparte sus viajes al lejano país.

La experiencia de Susana Zabaleta en Japón

Susana Zabaleta.
Susana Zabaleta. (facebook/SusanaZabaletaOficial)

Ciudad de México

El viaje que más me ha impresionado es el que hice a Japón cuando tenía 18 años. Nos llevaron a los templos y a los mejores hoteles en tres ciudades: Tokio, Kyoto y Osaka. Pero lo que más me impactó es el respeto que tienen por la gente mayor y por las geishas, que son las mujeres que se visten con atuendos tradicionales. La gente les hace reverencia. Son unos valores de los que se puede aprender.

Como 20 años después regresé a Japón en una gira que hice con el maestro Armando Manzanero. Mi primera impresión fue ver un país completamente distinto, con toda la gente vestida a la moda. Era un Japón fashionista. Vas caminando o en el metro y desde las secretarias van vestidas impecablemente, con tacones muy altos y con marcas muy caras.

También fui a un barrio en donde se venden animes, que me encantan por perversos, así que compré muchos para mi colección. En Japón la moral es distinta: la gente se emborracha por doquier, pero no pierde la compostura. Tienen una relación muy sana con la diversión.

Al maestro lo conocen muy bien en esas tierras: le dicen “Manzanero San”, y es amigo del director de una universidad que nos llevó a los mejores lugares. Acabamos enamorados el director y yo, porque es un hombre maravilloso, con una cultura impresionante, que hablaba perfecto español. Le gustaba mucho la música de Manzanero, así que cuando canté esas canciones ¡se volvió loco! Ahora no le escribo… porque me voy a vivir para allá. Y él me decía que no había ningún problema, que los japoneses no tienen ningún problema con estar casados y tener a alguien además. Pero le dije: “cuidado porque en México sí te parten tu madre”.

También en Japón la comida es una aventura. Una vez nos metimos mi manager, Manzanero y yo a un restaurante de comida tradicional, y nos trajeron cosas de sabores tan fuertes, que no las podíamos comer. Yo acababa de comprar una bufanda y de plano tuvimos que escupir ahí la comida, de manera disimulada, porque nos daba pena que supieran que no podíamos con ella. La mesera estaba feliz trayéndonos todos los platos y nosotros muertos de la risa. ¡Tomamos una gran cantidad de sake para aguantar!