Sobreviví al HIT56, ¡y me gustó!

Un nuevo sistema de ejercicios, es un reto para sedentarios… pero también para deportistas de alto rendimiento

“Qué miedo”, fue el primer pensamiento que se me cruzó cuando llegué al gym. Eran las 8 en punto de la mañana y el primer y segundo piso del edificio estaban atestados de gente que disfruta la rutina del deporte: despertar temprano, ponerse los tenis y levantar algunas pesas antes de ir a trabajar.

Estoy en Jardines del Pedregal para una clase demo de HIT56, un nuevo ejercicio que promete que con 56 minutos diarios en 56 días lograrás no solo mejorar tu aspecto físico, sino ganar condición, elasticidad y fortaleza, una combinación de resistencia cardiovascular, con TRX, crossfit y ejercicios con los movimientos naturales del cuerpo. Cuando me lo expusieron así, el número 56 no pareció tan largo.

Yo, ataviada con una sudadera de mi novio y los tenis deportivos de mi hermana, me sentí empequeñecida y nerviosa: “¿de verdad lo vas a hacer? Ni siquiera tienes un outfit propio para estas cosas”, me repetí mientras subía las escaleras al tercer nivel detrás del coach fortachón, alto y de cuerpo parecido al del David de Miguel Ángel que me sonreía amable. En ocasiones no supe si su sonrisa era para darme ánimo y confianza o era más condescendencia. Prefiero pensar lo primero.

Llegué al tercer piso y quedé impresionada: gruesas cuerdas colgando de un techo altísimo,, una estructura con escaleras (¡las sufriré más tarde!), cuerdas de sujeción, sacos de box, y unas pequeñas pesas redondas llamadas kettlebel que no parecen imposibles de cargar. Parece que el keep it simple funciona; la falta de extravagantes aparatejos se compensará con la fuerza y el esfuerzo de mi propio cuerpo. Ahora es cuando eso de “los 56 días” no parece tan corto ni tan sencillo.

Soy la primera en llegar de mi grupo conformado por más reporteros y editores ansiosos. Antes que nosotros está otro grupo un poco más experimentado. De inmediato llama mi atención una de las asistentes: se nota en su cara que, por su peso, hace un esfuerzo doble, pero jamás se queja, no para y mantiene el ánimo y el ritmo durante toda la clase. Mis respetos. Al observar las series de ejercicios y cómo las llevan a cabo todos en ese grupo, me río. No es burla, o bueno, sí, pero para mí misma, “ya no puedes salirte de esta”, me digo.

Nuestra clase comienza, todo parece tranquilo. Movemos los tobillos, estiramos los brazos y comenzamos a trotar y brincar alrededor (“tal vez no sea tan malo”, me indica un pensamiento esperanzador) y nomás de trotar me doy cuenta que pagaré los dos últimos años de sedentarismo y glotonería (¡ay, comer es tan rico!).

Comienza lo bueno. Daniel Sánchez, el coach principal y uno de los diseñadores de este ejercicio, nos explica la primera serie: algunas flexiones, ejercicios para mis brazos y espalda en las cuerdas de sujeción, correr y agacharte cuatro veces en una distancia corta, usar las pesas y -mi favorita- una máquina de remo.

Undostres, ¡ahora!

Cuesta un poco, pero no es imposible. De inmediato me hago de un compañero de ejercicio, se llama Sergio, es runner y aunque todas las semanas suma y suma kilómetros corridos, me confiesa que le cuestan estos ejercicios. ¡Bien! Ya somos dos y nos echamos porras.

Se termina la primera ronda, respiramos profundo estiramos y, siguen unos ejercicios de “calentamiento”. Brincos con patadas incluidas, brincos apoyada solo en la punta de los pies, flexiones. Lo que comenzó bien ahora saca mi máximo esfuerzo, “¡que queme! ¡que queme!”, grita Dani, otro coach, al ver que mis muslos y pantorrillas ya duelen y duelen bastante. “¡No! ¡Que no queme!”, le respondo suplicante con el último soplo de aire de mis pulmones y los dos reímos.

Terminamos esos breves -pero intensos- ejercicios y seguimos con la siguiente ronda (¡¿más?!), con ligeros cambios en las posiciones, es casi la misma serie anterior solo que ahora debemos subir y bajar escaleras.

Los primeros cinco escalones: bien. Bajarlos… no tanto. Mis piernas se sienten como gelatina y temo irme de boca y dar tremendo espectáculo.

Termino triunfante la segunda serie y, para concluir nuestra clase demo, la coach Lore nos guía con algunos movimientos de yoga, que terminan siendo un respiro para mis cansados músculos.

Concluye la clase y yo, aún paralizada, salgo a la terraza con una sonrisa y dificultad para caminar (los tres siguientes días casi será una pesadilla levantarme de una silla): lo logré, sobreviví, y ¡me encantó!

¿Lo volvería a hacer? Sin duda. Aún con el dolor muscular, la buena energía de esa hora de ejercicio me duró días completos en los que sentí mi cuerpo activo, despierto y de gran humor.

Un poco más de HIT56

Durante el entrenamiento te acompañan siete coaches y una especialista que realiza un programa nutricional personalizado.

El sistema se realiza durante 56 días de lunes a sábado, 56 minutos y tiene diferentes niveles de intensidad, que aumentan semana a semana.

Costo total: 12 mil pesos.

www.hit56.com.mx