Abuelas criando nietos ¿cuál es el límite?

La abuela disfruta de la compañía de los nietos y tiene mayor disposición para cuidarlos. Pero, ¿hasta dónde debe participar?
Se vale consentir y apapachar, pero siempre deben establecerse límites en la crianza de los niños.
Se vale consentir y apapachar, pero siempre deben establecerse límites en la crianza de los niños. (Foto: Shutterstock)

En nuestro país, familiares como tíos, primos, abuelos, bisabuelos mantienen una relación muy estrecha con los miembros de la familia primaria; es decir papá, mamá e hijos. Tal es el caso de la abuela, quien a menudo suele participar del cuidado y atención de sus nietos.

Como la educación de los niños “ya no es responsabilidad directa de la abuela, tiene más paciencia a la hora de cuidarlos y de cierta forma les da más cariño y afecto sin sentirse presionada”, afirma Luz María Peniche, psicoanalista. Lo mejor es que están a cargo de alguien que los quiere y que procura su bienestar a toda costa. Además, “el simple contacto entre ambos genera lazos de apego, y si la relación con los papás de los niños es afectuosa, los abuelos pueden ser una extensión de la paternidad”, señala Juan Antonio Barrera Méndez, psicoterapeuta y director de Atención y Tratamiento Psicológico.

Lo que más disfrutan

De acuerdo con los expertos Peniche y Barrera, las razones por las que a los niños les encanta estar con su abuela son:

  • A su lado no hay tantas obligaciones.
  • Ven a su abuela no solo como una guía, sino también como una amiga divertida y cariñosa, con quien disfrutan el tiempo.
  • En lo real y en lo imaginario se sienten seguros porque saben que tienen dos casas, la de la abuela y la de sus papás, donde los quieren por igual.
  • No se sienten solos cuando sus papás no están. La abuela les brinda seguridad, cariño y compañía.

Hay que poner límites

La participación de la abuela en el cuidado y atención de los nietos puede generar conflic­tos familiares si los consiente demasiado, si no establece límites claros y si permite rom­per las reglas establecidas por los padres. Y es que cuando la abuela “sin consultar a papá y mamá pone sus reglas de acuerdo con lo que le parece mejor, o bien según sus experiencias de vida, puede haber un choque con respecto a las estrategias que tienen los papás en la crianza de sus hijos”, advierte Barrera Mén­dez. También sucede que en su afán de darles amor, puede dejar que sus nietos hagan lo que quieran sin restricciones y sin límites.

 Armonía familiar

La abuela está para dar cariño y apoyar de vez en cuando en el cuidado de sus nietos, pero no como una obligación. Los especia­listas recomiendan que:

•Haya buena comunicación, respeto y armonía entre los papás y la abuela, para que se establezcan los horarios en los que la abuela puede cuidar a los nietos, así como las reglas y límites que debe haber.

• Los horarios y actividades permitidas con la abuela se deben establecer en presencia de los nietos. De esta manera la paternidad compartida será más sana y funcional.

• La abuela no debe quitarle el lugar a la mamá, ni actuar como la madre sustituta, ya que los niños podrían devaluar a su mamá. Las reglas deben ser claras acerca de lo que se vale y lo que no, y tener pre­sente que solo hay una mamá.

• Mientras los niños estén al cuidado de la abuela es ella quien pondrá las reglas en su casa. Pero si los papás tienen normas y límites establecidos, tiene que respetarlos incluso cuando los papás no estén, y no deberá imponer sus criterios ante sus decisiones.

•Si los nietos cometieron una travesura en casa de la abuela, los papás deben escu­char y considerar la opinión de ella, así como tomar las medidas de disciplina necesarias con sus hijos.

•Los acuerdos sobre el cuidado de los niños deben ser claros desde el principio, y deben revisarse y ajustarse cuando estos vayan creciendo o cuando haya cambios en la salud, o en la vida espiritual, econó­mica o social de todos los involucrados.

 Se vale consentir, dar afecto, apapacho y cariño. “El cariño nunca echa a perder a alguien, lo que hace daño a los niños es que no haya límites ni reglas, ya que crecen sin estructura ni contención”, señala la psi­coanalista Peniche.