Ciencia loca

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Multimedía
Multimedía (MILENIO Dominical )

México

La red de internet tiene muchas virtudes, pero también muchos defectos. Uno de ellos es la posibilidad que ofrece a cualquier usuario de actuar encubierto bajo un oscuro manto de impunidad. El hecho de que una o muchas personas puedan dirigir a otras contenidos vejatorios de manera anónima es del todo reprobable. Insultar, descalificar o amenazar a los autores de cualquier tipo de texto son una constante en cualquier página que ofrezca esa posibilidad, incluso entre quienes intercambian mensajes a propósito de un tercero.

Tampoco es precisamente una virtud el saqueo permitido en los hechos de la obra de otros. En el peor de los casos, la firma del autor puede llegar a perderse para siempre, como sucedió con el nombre de quien escribió un poema rupestre que fue atribuido alguna vez a Gabriel García Márquez y que circuló ampliamente en la aldea digital y fuera de ella. Muchos se habrán topado alguna vez en la red con alguno de sus textos firmado tranquilamente por otra persona y acompañado además con una leyenda amenazante que advierte sobre acciones legales contra quien se atreva a reproducirlo sin el permiso del usurpador.

Otro defecto grave es la manera como se administra la información. No todo el mundo entiende que hay que ver siempre desde la duda cualquier dato que circule en los buscadores y no dar por bueno el criterio de destacar los sitios más visitados contra los que nadie revisa y que son casi siempre los más consistentes.

Todo esto viene a cuento porque se acaban de difundir los resultados de un experimento que emprendieron unos investigadores universitarios españoles, que demuestra lo sencillo que resulta tomarle el pelo a los buscadores, en particular a Google, en beneficio de los científicos que contabilizan las búsquedas y las citas de sus trabajos en la red para obtener mejores calificaciones profesionales.

Los investigadores prepararon un reporte científico apócrifo firmado con un nombre inventado, que fue subido a la red. En ese incierto mundillo cibernético, el texto cobró rápidamente vida propia. Fue traducido a otros idiomas y citado en múltiples ocasiones en beneficio de su falso autor, de los especialistas que citaba y las revistas donde publicaban con frecuencia. Los involucrados, sobre todo el inexistente autor del reporte científico, vivieron largas horas de celebridad y prestigio gracias a las bondades de un buscador sin criterios selectivos ni recursos de verificación, como todos los demás.

Por desgracia, el hallazgo de los investigadores seguramente no habrá de cambiar nada, pero por lo menos debiera servir para poner en alerta a millones de usuarios desprevenidos a propósito de la automatización de los procedimientos en internet, que muchos perciben como operaciones muy rigurosas, pero más que nada sobre el peso enorme que puede llegar a tener la información falsa en los terrenos de la comunicación, la información y la investigación.