De fiesta por las playas de Turquía

Comprende sitios arqueológicos, hoteles excepcionales, deportes de aventura, playas vírgenes y una escena inigualable. 

Turquía

Inicio mi recorrido en la playa de Kusadasi. Lo primero que hago es instalarme en una reposera del Hotel Richmond. La escena no puede ser mejor: tragos bien servidos, servicio impecable y bikinis por doquier. Una, dos, tres horas. Hago una caminata por la playa, de punta a punta. Después de 11 kilómetros mi cuerpo pide refugio, por lo que me voy al spa del hotel. Con una sesión de terapia con hierbas medicinales, el alivio es inmediato.

Es hora de comer y me dirijo a Ali Baba Seafood Restaurant, en el puerto de la ciudad, para comer un meze: un festín de platillos tipo tapas, yogur con pepino y menta, pastelito de queso, las típicas dolmas u hojas de parra rellenas y frijoles en salsa de tomate; todo delicioso, igualmente los dulces turcos, de miel y frutos secos. Y como digestivo, una copa de raki (un licor muy anisado).

Recuerdos romanos

A 19 kilómetros de Kusadasi se encuentra Éfeso, una de las ciudades mejor preservadas del imperio romano. Fue sede del Templo de Artemisa, una de las Siete Maravillas de la antigüedad y aquí habitó el apóstol Pablo, quien escribió el texto bíblico “Carta a los Efesios”.

Camino entre las ruinas en una mañana nublada que promete lluvia. Encuentro la famosa biblioteca de Celsus, situada al sur del ágora o área de reuniones que data del 135 a.C. Según los historiadores albergaba cerca de 12 mil manuscritos que fueron quemados por los godos en el 262 d.C.

Comienza la lluvia. Es hora de probar platillos típicos, así que nada mejor que el restaurante Degirem, que sirve los típicos kebabs de carne molida y, como postre, una crema de caramelo acompañada de un café turco, perfecto para seguir el recorrido.

Compro souvenirs en la plaza Yeniceriler, muy cerca del muelle. Aquí hay de todo: desde los clásicos narguiles, las pipas para fumar tabaco de sabor, hasta alfombras con espejos y bordados.

Ha llegado la hora de despedirme de Kusadasi. Cuatro horas de carretera conducen a la región de Dalyan. De ahí, 40 minutos en un taxi acuático hasta la playa de Iztuzu, una de las 10 mejores del mundo según el diario británico The Independent. Y vaya que tiene razón.

La playa separa al mar del estero, así es que existe la opción de tener agua dulce o salada. Eso sí, nada de grandes resorts all inclusive, ya que es una playa virgen. Después de tanta actividad es hora de reposar, pero mañana será el día para comprobar si la fiesta turca es tan buena como la presumen. Buenas noches.

Redención con vodka 

Antalya es una ciudad rodeada de montañas que en los 70 se hizo la capital turística de Turquía. Konyaalti, una de sus playas, es el mejor escenario para deportes acuáticos como moto y ski.

Este destino cuenta con una de las marinas más lujosas e impresionantes del Mediterráneo pero, sobre todo, se jacta de tener una de las mejores atmósferas para la fiesta. Yo me enfoco en las dos mejores discotecas de la ciudad: Ally’s y Club Arma, en Kaleici. El primero es, sin duda, el templo del descontrol, del ligue y de las europeas bailadoras.

Lo mejor de la música electrónica se encuentra aquí. Después de unos vodkas, la noche pinta mejor. Después nos dirigimos al Club Arma. En las tornamesas tocan los mejores DJs británicos: LTJ Buckem y Groove Armada. La gente salta sin parar. Sí, efectivamente la juerga nocturna pertenece a Antalya. Horas, tragos y más baile. Fade out.