Dulces recuerdos

Con sus creaciones, el maestro chocolatero José Ramón Castillo regala un viaje a la infancia o por cualquier lugar del país en un bocado.

Cuando éramos niños existían los Sugus, unos dulces de sabores, chiclosos y deliciosos que podías introducir en tu boca y masticar con calma mientras se pegaban entre los dientes.  Terminando una dosis de Sugus, seguía otra de chicles Motita de plátano, larguitos en una envoltura de plástico que tenía la ilustración de un gatito amarillo y con el que se podían hacer bombas enormes.

Hace ya algunos años que estos dulces desaparecieron del mercado, pero se quedaron atrapados en los recuerdos de los mexicanos; es en este punto que JOSÉ RAMÓN CASTILLO actúa.  Él desmenuza de poquito en poquito los recuerdos de su infancia, desde el pozol que bebía con su abuela en Chiapas hasta los dulces que comía cuando era un niño, y los transforma.

Con ideas frescas y un profundo amor por los sabores de México, José Ramón, el único maestro chocolatero mexicano reconocido por Le Guide de Croqueurs du Chocolat, es capaz de encapsular los recuerdos de la infancia más profundos en un chocolate con sabor a Sugus de uva, chicle Motita de plátano o de pay de limón, por lo que ir a su chocolatería QUE BO! en Polanco o el centro de la Ciudad de México, es hacer todo un viaje por el país o por nuestros recuerdos. “A mí me gusta ponerle colores a mis cosas y diferentes sabores”, dice el máximo exponente y defensor del cacao mexicano, “yo no utilizo cremas, ni mantequillas, yo uso agua porque en México se bebe el cacao con agua, no se bebe con leche o crema, eso es en Europa”.

Además de haber sido nombrado Maestro Chocolatero de las Américas por la Universidad Cergy Pontoise de París, José Ramón es uno de los personajes más comprometidos con el comercio justo y el consumo de productos nacionales, por lo que utiliza ingredientes cien por ciento mexicanos en todas sus creaciones.

Uno de los proyectos más importantes de este año es la apertura de una nueva chocolatería Que Bo! al sur de la ciudad. “Tengo muchas ganas de hacer postres emplatados, muy diferentes a los que estamos acostumbrados”, comenta el chef. Además, adelanta que será un espacio más grande, donde al menos 30 comensales podrán sentarse a saborear sus creaciones.