S-AR, una escuela diferente

A través de S-AR, vamos a conocer de principio a fin la aventura que representa el diseño y la construcción de espacios educativos. 

Al pensar en las características de una escuela, pienso en dinamismo, comodidad, bienestar y sobre todo seguridad. Sin embargo, el diseño de un proyecto así va más allá, pues requiere de una profunda investigación y de un completo dominio de la arquitectura. El equipo de S-AR, firma establecida en

Monterrey enfocada en el diseño y desarrollo de proyectos arquitectónicos de diversas tipologías y escalas, cumple con estos requisitos y, en base a su experiencia, nos muestra todos los detalles para la creación de la escuela perfecta.

César Guerrero, socio fundador del despacho, parte de la idea de que la enseñanza y el intercambio de conocimiento es uno de los temas más nobles e interesantes en el quehacer arquitectónico. El diseño de una escuela, como todo en la arquitectura, se basa en la cultura del sitio donde se encuentra, es decir, en sus costumbres, valores y el conocimiento colectivo acumulado.

Una escuela es un lugar donde diferentes generaciones comparten experiencias y conocimiento, por lo que debe enseñar y transformar a sus usuarios por medio del uso del espacio, debe generar encuentros y fortalecer la relación con la naturaleza, pues el respeto a ésta es un principio básico del ser humano. También es preciso que cuente con patios, luz natural y texturas que permitan cambio de materialidad a lo largo del día, así como con una estructura suficientemente modular para adaptarse al futuro y a todas las necesidades.

Para crear un espacio educativo, más que en la inspiración S-AR se interesa en la investigación. Al respecto señalan: “Hemos utilizado muchas referencias, desde nuestras propias experiencias y recuerdos de la infancia, hasta edificios importantes en la historia de la arquitectura. Siempre decimos que en la arquitectura el hilo negro ya está inventado, lo que importa es hacer un tejido de calidad con ese hilo negro. La calidad depende del entendimiento de las condiciones de cada proyecto, pero también del diálogo que se hace con referencias, no sólo provenientes de la arquitectura, sino también del mundo del arte, de la literatura y de la historia”.

La escuela es casi una segunda casa para los niños, por lo que se convierte en un espacio importante de desarrollo académico y social, pues las relaciones y negociaciones sociales que se aprendan serán de gran utilidad en el futuro como individuos independientes dentro de una sociedad. Aquí es donde la arquitectura cumple su labor pues contribuye a que, desde la infancia, las personas comprendan valores como la inclusión y el respeto hacia los otros, la valorización del tiempo, el orden y la disciplina.

“Si una escuela es ordenada en su arquitectura, enseñará orden a sus usuarios. Si una escuela es sencilla en su arquitectura, enseñará mesura a sus usuarios. Si una escuela está llena de luz natural e incorpora a la naturaleza en un diálogo cotidiano, enseñará alegría y respeto a su entorno”, menciona César.

Sobre la extensión territorial realmente no hay una pauta marcada, depende de las necesidades que plantea la escuela. La postura de S-AR es contundente: “el tamaño del edificio no es lo importante, sino el tamaño de las ideas que están detrás del proyecto”. Con la ubicación es diferente, pues desde el punto de vista urbano un plantel debe ubicarse donde haga falta educación, con respecto al número de habitantes y usuarios. Preferentemente debe estar cerca de donde habitan los alumnos para que sea fácil llegar caminando o en vehículos no motorizados. En caso de que se tenga un terreno determinado, su calidad radicará del manejo del sitio, su orientación y la relación con su entorno, como el sembrado de árboles, las condiciones topográficas, otras construcciones, accesos y el asoleamiento.