Celina del Villar: “Resuelvo mis propios mundos corriendo, haciendo yoga y nadando”

Hace ocho años, Celina del Villar dejó su vida de mujer sedentaria para romper sus propias marcas y correr maratones.

México

Al posar frente a la cámara, deja al descubierto un abdomen plano, unas piernas largas y sus esculturales brazos. Ni un gramo de grasa y una silueta perfecta que provocan la envidia de mujeres de cualquier  edad. Tiene 45 años y es madre de dos adolescentes, pero su figura esconde cualquier pista de ambas verdades. “No me gusta el gimnasio”, confiesa la modelo Celina del Villar. “La música me satura, el volumen me desespera, y me estresa el sonido de las pesas y de la caminadora y la cantidad de gente que hay siempre”, dice. “No me gusta encerrarme”, agrega con una mueca de rechazo.

Su secreto está en levantarse todos los días a las 5:30 de la mañana para entrenar. “Lo más difícil fue y sigue siendo arrancar todos los días”, dice. “Hasta el día de hoy empiezo a buscar un pretexto para llegar un poco más tarde”, asegura esta corredora de cuatro maratones y que este año se prepara para correr 42 kilómetros por primera vez en Nueva York.

Con cariño recuerda su primer maratón en las ciudades gemelas de Minneapolis y St. Paul en 2011. “Un amigo, sin saber lo que estaba provocando, me dijo: ‘por qué no corres un maratón, 42 kilómetros, este año que cumples 42 años”. Un año después, corrió el maratón en Berlín y en 2013, logró correr dos maratones, el primero en San Diego y su mejor marca en Chicago.

Completa sus entrenamientos practicando yoga dos veces por semana y otros dos días, natación. Con la yoga, estira y fortalece músculos mientras que con la natación, fortalece los pulmones y la respiración pues dedicarse sólo a correr es desgastante y hace que los músculos sean tensos y pierda flexibilidad.

“Resuelvo mis propios mundos corriendo, haciendo yoga y nadando”, asegura la vocera de la iniciativa Yo x México, la cual promueve la rehabilitación de espacios deportivos públicos en zonas marginadas.

El inicio

Pero su rutina no siempre fue así. A sus 37 años estaba desayunando con sus amigas y en grupo, decidieron dejar los chilaquiles y el café para empezar a correr juntas. “Antes de eso, era súper sedentaria y desde la prepa  no había hecho absolutamente nada hasta ese momento”, recuerda.

Hoy se levanta todos los días entre 5:30 y 6:30 de la mañana y cumple con rígidos entrenamientos que incluyen decenas de kilómetros. “Fue un cambio paulatino. Dejé de fumar, pero nunca me lo propuse”.

Sin penas, Celina reconoce que no podía correr un circuito de 400 metros sin detenerse. Su técnica era trotar 50 metros y caminar otros 50 metros hasta lograr 400 metros,y junto a ella, pasaban los corredores que se preparaban para algún maratón. “Nunca me preocupé, ni me comparé con los demás, porque sí me hubiera desesperado”,explica.

Fue hasta que la marca deportiva Nike invitó a su marido, Benny Ibarra a correr 10 kilómetros, que Celina descubrió su gran motivación como corredora. Mientras que el cantante tuvo su debut y despedida en el mundo de los corredores.

“Cruzar una meta, no importa cuántos kilómetros hayas corrido, es una emoción que dura de una carrera a otra”, dice. No es la competencia contra otras personas sino el reto de romper los récords anteriores lo que la motiva más.

De lunes a viernes corre en un club privado donde ha aprendido a tolerar la monotonía. Si la distancia que debe correr ese día es corta, va a los Viveros, y dependiendo de los entrenamientos puede correr en el Bosque de Tlalpan, en los Viveros, en El Ocotal o en La Pila.

A pesar de tener un cuerpo envidiable, tantas horas de ejercicio le permiten llevar una dieta bastante relajada. “No soy de prohibirme cosas, como de todo, como tocino, cosas fritas de repente. Se me antojan mucho el pan y las pastas”, dice. “No oigo música, nunca me he puesto audífonos para correr”, dice. Al principio porque al correr con el grupo de sus amigas, solían platicar sobre deportes, futbol pero

después porque son los momentos que aprovecha para estar consigo misma. “Correr sin nada me permite meditar, entro en una especie de trance”, asegura. “Son momentos deliciosos”.