La historia de Cartier en una exposición

Son más de 600 piezas reunidas en el Grand Palais de París que incluye alhajas desde la creación de la marca por parte de Louis-François Cartier en 1847 hasta los años setenta del siglo pasado.
La joya forma parte de una de las más de 600 piezas reunidas en la exposición "Cartier, el estilo y la historia".
La joya forma parte de una de las más de 600 piezas reunidas en la exposición "Cartier, el estilo y la historia". (EFE)

París

Las joyas y relojes diseñados por Cartier son los protagonistas de una exposición sobre la historia de las creaciones de esta exclusiva marca de moda que puede visitarse desde hoy y hasta el 16 de febrero en el Grand Palais de París.

Entre las más de 600 piezas reunidas, destacan algunas emblemáticas como la tiara diseñada por Cartier en 1936 y que lució la duquesa de Cambridge, Catalina, en su boda con el príncipe Guillermo.

También llama la atención un collar con miles de piedras preciosas engastadas que encargó el marajá Bhupindra Singh.

"La exposición muestra de manera precisa la voluntad de Cartier de mantener un estilo propio, que hace que sus joyas se puedan reconocer fácilmente", explicó a Efe el director de estilo, imagen y patrimonio de la marca, Pierre Rainero.

La esencia de la casa reside, para Rainero, en "una cierta proporción, el sentido del volumen, el respeto a la piedra, el protagonismo del color y la apertura a las influencias culturales del mundo entero".

El recorrido por la exhibición, que incluye alhajas desde la creación de la marca por parte de Louis-François Cartier en 1847 hasta los años setenta del siglo pasado, permite ver la evolución de los gustos y los códigos sociales, desde el clasicismo de las creaciones destinadas a los reyes hasta el estilo moderno, marcado por la geometría y el exotismo.

"En el siglo XX la joyería dejó de ser tan ceremonial y empezó a ser una expresión de los gustos personales", explicó Rainero, quien destacó que las mujeres ganaron libertad, ya que hasta entonces debían respetarse muchos códigos.

Las joyas y relojes se exhiben junto a vestidos, accesorios, fotografías publicitarias y revistas de moda que reflejan la vida artística de la época.

Los visitantes podrán también descubrir lo que ocurre entre bastidores en el proceso de creación de una joya gracias a documentos que muestran los registros de los almacenes, los cuadernos de ideas y los moldes de yeso.

Las piezas expuestas pertenecen fundamentalmente a la colección Cartier, pero también se incluyen préstamos de instituciones públicas y de colecciones particulares.

Por ejemplo, se pueden admirar una veintena de joyas que lució Grace de Mónaco y que el Principado ha cedido para esta exhibición.

Entre las grandes clientas de la casa figuran desde actrices como Liz Taylor y Marlene Dietrich a herederas de fortunas como Barbara Hutton, que ocupan un lugar destacado a lo largo de la exposición.

Entre todas las piezas sorprenden las joyas exuberantes, como un collar con forma de serpiente y un broche formado por un cocodrilo articulado, de la actriz mexicana Maria Félix, conocida por sus actuaciones en películas de Jean Renoir y Luis Buñuel.

A la duquesa de Windsor, Walllis Simpson, que destacaba por el clasicismo en el vestuario y la originalidad en las joyas, también le gustaban las creaciones inspiradas en el mundo animal y fue la primera clienta en lucir un broche con una pantera en tres dimensiones, que luego se convirtió en un emblema de la marca.

Cartier, definido por el rey Eduardo VII como "joyero de reyes y rey de los joyeros", fue el proveedor preferido de muchas casas reales, aunque su estilo también sedujo a artistas y a la alta burguesía.

De hecho, la clienta más asidua en la tienda de Nueva York era Marjorie Merriweather Post, heredera de un gran imperio cerealista y coleccionista de arte ruso y francés.

Más allá de la búsqueda de la belleza, Cartier perfeccionó las técnicas de la joyería y fue el primero en usar el platino, un material que resiste mejor el paso del tiempo a pesar de ser más difícil de trabajar que el oro o la plata, explicó a Efe la conservadora de la colección, Pascale Lepeu.

Otra de sus innovaciones fueron los "péndulos misteriosos", que tuvieron mucho éxito en los años veinte del pasado siglo, y en los que las agujas del reloj parecía que colgaran del vacío, gracias a los juegos ópticos con cristales.

Y, en el campo de la estética, también hizo apuestas arriesgas, como mezclar en una misma joya zafiros y esmeraldas, una combinación de piedras que hasta entonces se consideraba de mal gusto.