Hambre de Temores, el luto de la moda mexicana

El 7 de enero Carlos Temores Campaña falleció en su casa, sacudiendo el corazón de la industria de la moda y de una generación de creativos de la Ciudad de México. Esta es su historia. 

México, D.F.

Zemmoa contiene las lágrimas abanicando su rostro durante una conferencia de prensa en la colonia Roma.  La poster girl de la vida nocturna alternativa de la Ciudad de México está en la presentación de su nuevo video “Relámpago” al lado del músico Jaime Kohen. Sin su habitual protagonismo, ha permanecido en silencio durante una hora. Mientras Jaime platica entusiasta sobre su colaboración, ella está hundida en el sillón, suspira de cuando en cuando con la mirada fija en sus uñas adornadas con moñitos negros.

Tendría que ser día de fiesta, pero Zemmoa, la transgénero más famosa de la ciudad, está de luto. Su buen amigo Carlos Temores, murió hace una semana.

T.E.M.O.R.E.S, como era conocido, tenía 30 años y más de 10 dedicado a la moda. Era  parte de una generación de talentos surgidos de Casa Francia, destacando en las plataformas de la industria con sus cuatro colecciones. Quizá, más que eso, era parte de un grupo de jóvenes que una década atrás sacudió la escena creadora y las fiestas de la capital. Eran el grupo del que muchos querían formar parte, vestir con su estrafalario guardarropa, aparecer junto a ellos en las fotos del blog Diario de Fiestas (DDF), del que eran protagonistas.

Casi una década después del primer post de DDF, el blog está desierto, y tres de aquellos protagonistas ya no están. Quetzal, diseñador de Marvin & Quetzal rodó por las escaleras del edificio donde vivía en septiembre de 2011, después de días seguidos de fiesta. Tenía 23 años. César Arellano, el fotógrafo autor del blog y responsable de la fama del grupo, fue encontrado muerto en su departamento en febrero del mismo año. Hace poco más de un mes, el 7 de enero, un día después del cumpleaños de Quetzal, Temores subió al tercer piso de su edificio, quizá iba al cuarto de lavado, quizá sólo a fumar un cigarro. A las 12 del día el portero encontró su cuerpo en el piso de la planta baja. Había caído por el cubo de luz.

Temores sonriente, con la cabeza echada para atrás, en una playera blanca de tirantes, abraza a Zemmoa que mira sensual a la cámara con el dedo en la boca, una blusa de leopardo y los labios rojos, a juego con la pared sobre la que se recargan.  La imagen todavía se puede ver en los archivos de Diario de Fiestas. La tomó Arellano en una fiesta en 2007.

En los primeros años del nuevo siglo, los jóvenes de clase media estaban más informados que nunca sobre ropa, música y arte gracias a Internet. Talentos emergentes como Temores, Mancandy, Marvin y Quetzal, encontraron un escaparate perfecto y la fama local de ese modo, formando un grupo al que muchos aspiraban, aunque pocos eran lo suficientemente cool para lograrlo. Arellano tomaba sus glamorosos retratos en el desaparecido antro Pasaje América y las publicaba en su blog, que el sábado por la mañana cientos visitaban con la esperanza de encontrar su foto.

Estos amigos con vidas aparentemente fabulosas abrieron el camino para la expresión alternativa en distintos rubros, entre ellos, la moda. Tras años en los que el diseño nacional era  pro mexicano, que rescataba colores, materiales y tejidos tradicionales, Carlos Temores y sus amigos irrumpieron en las plataformas de moda con materiales fuera de lo común, estampados de Mickey Mouse y peinetas flamencas.

Diez años después, ese mundo cambió. Unos son diseñadores consagrados, estrellas de la semana de la moda con boutiques en el extranjero mientras que otros están en el olvido.  Zemmoa pasó de dar un show más cómico que musical en Pasagüero a irse de gira por Europa y dedicarse enteramente a cantar pop.

En otra foto de DDF aparece Quetzal con los ojos cubiertos por su alborotado pelo rizado, con los labios semiabiertos y rosados. Lo abraza Temores y tapa su rostro acercando a la cámara de César su dedo medio levantado. Sólo alcanzan a verse sus pequeños ojos negros y un delicado bigote.


Se conocieron en Casa Francia, cuando estudiaban diseño de moda. Quetzal fue el primer compañero al que le habló Temores. Diseñaban juntos, tomando en los salones de clase, salían de fiesta vestidos extravagantemente y saltaron a la fama como diseñadores de moda prácticamente al mismo tiempo. En la fiesta conocieron a Zemmoa, cuando apenas soñaba con dedicarse a la música. Y a César, que después de intentar llevar un diario escrito con sus aventuras nocturnas, optó por tomarles fotos a sus innovadores amigos. Tenía la intención de re inventar las fotografías de sociales, quitarle la atención a la gente acomodada, y dársela a la gente con estilo, según sus propias palabras en una de sus pocas entrevistas, para El Universal.

La rebeldía de Temores le venía de sangre, lo mismo que el gusto por la moda. Nació en Guadalajara, pero pasó los primeros cuatro años de su vida en Guerrero. Estuvo siempre a cargo de su madre Esperanza y su abuela, una mujer distinguida que compartió su amor por el bien vestir y le enseñó a coser. Más tarde Carlos se mudó a la ciudad de Guadalajara, en la que su padre pasó una parte definitoria de su vida.

Franciso Juventino Campaña conoció a la madre de Carlos durante su estancia en la cárcel de Oblatos, en Jalisco. Su participación con el grupo Fuerzas Revolucionarias Armadas del Pueblo (FRAP) en los años 70 y 80, le valieron la persecución política y encarcelamiento en distintas prisiones del país durante casi una década.

El entonces estudiante de química, es recordado por su participación en una de las maniobras políticas más escandalosas de su tiempo: el secuestro del cónsul de Estados Unidos, Terrence Leonhardy, cuya libertad fue intercambiada por más de 30 militantes de la guerrilla encarcelados.

Una historia que Carlos conoció muchos años después, cuando, en la secundaria, uno de sus profesores le preguntó su relación con Franciso Juventino Campaña. “Tu papá es un héroe” le dijo, despertando la curiosidad del adolescente por volver a ver su padre, separados desde que Esperanza se llevara a su hijo a Guadalajara a los cuatro años.

La reunión ocurrió finalmente cuando Carlos tenía 13 años. Padre e hijo se reencontraron en el Aeropuerto de Acapulco en el principio de una relación cariñosa y cercana. Una que se extendió a Palmira, su hermana pequeña.

Carlos era el más chico de los hijos de su madre, y el mayor de los de su padre. Estuvo en medio de dos familias que integró en una sola. “Para él todos eran sus hermanos, como sus amigos, todos éramos su familia” cuenta Zemmoa. “Era un consentido porque era muy alegre, cariñoso y bromista, le gustaba mucho bailar y cantar…aunque cantaba muy feo” dice su mamá.

Bailar y cantar lo llevó a su segunda familia, un grupo de diseñadores, modelos, músicos y creativos.

T.E.M.O.R.E.S

Carlos se mudó a Londres a estudiar en 2007. El viaje lo revolucionó y le dio el impulso que necesitaba para lanzar su primera colección.

En octubre de 2008 debutó en DFashion, la plataforma alternativa de Fashion Week en una colaboración con Carlos Ortega. Juntos presentaron una serie de prendas negras, rojas y azules adornadas con exageradas peinetas flamencas. Estaba inspirada en el punto, todas tenían círculos o medios círculos. “Tengo que hacer mella” le dijo entonces a su hermana Palmira. Fiel a su cuidado por el detalle, envió a dos modelos con un casco, una capa y una tanga al frente de la pasarela, para sorpresa de los asistentes. Después apareció el resto de la colección (con prendas más grandes que un par de tangas) que mereció una ovación emocionada al final. La prensa especializada y los fans de la naciente industria estuvieron de acuerdo, había una nueva estrella de la moda mexicana.

Al año siguiente, en junio, la propuesta fue completamente distinta, inspirada en la campiña francesa. “Presentó faldas largas, chalequitos cortos y en el estilismo muchas flores” cuenta Mike Salas, su ex pareja.

Unos meses más tarde, en noviembre de 2009, Temores presentó su última colección: varios atuendos con colores brillantes, amarillo, lila y azul, en telas ligeras con cortes rectos. Las modelos caminaron por la pasarela con turbantes negros y blancos y labios rojos.

Cada una de sus propuestas fue distinta a la otra, pero todas tuvieron una recepción igual de favorecedora…hasta 2009. La última pasarela de Temores no fue exitosa con la crítica, descalificaron las prendas por difíciles de usar en contextos cotidianos. Pese a su natural confianza y esfuerzo de meses, las malas críticas resultaron un golpe duro para el joven diseñador, tanto, que abandonó las pasarelas durante el resto de su vida.

Algunos atribuyen su deserción a un hartazgo por el negocio; otros a que su visión estaba demasiado adelantada para el mercado. Sea como fuere, Temores emprendió entonces una campaña por mejorar el panorama de la moda mexicana, empezando por su aspecto.

A lo largo de los años, su exploración también se reflejó en su look. Pasó de usar colores neón recién llegado de Europa, a que todo su clóset fuera negro. “Se exploró a sí mismo de muchas formas, tuvo pelo largo, corto, se rapó, se rasuró las cejas…en general le gustaba jugar con su persona” dice Zemmoa. “Siempre sabía lo que iba a estar de moda y cuando ya estaba, le daba hueva”.

Criticando prendas fue que conoció a una novata Cynthia Buttenklepper: “Le llevé mis piezas y fue bastante sangrón,” cuenta riendo la diseñadora, aunque la experiencia fue el inicio de una amistad y colaboración muy fructífera para ambos. “Era muy trabajador. Nunca rechazaba un proyecto a menos que no fuera de calidad. Se echaba llamados de tres días y se paraba perfecto a correr a las 6 de la mañana. No se detenía, si estaba triste por desamor o chamba, siempre se levantaba. Siempre estaba ahí y era como “ya deja de llorar, párate”

Durante su fase de ropa negra, Carlos y su entonces pareja, Mike Salas, montaron un showroom en su departamento de la Colonia Roma, en la que Temores estaba a cargo de elegir a los diseñadores que iban a vender sus piezas. A la par, trabajaba para la marca de ropa deportiva Nike (de donde nació su pasión por correr) y en una telenovela de TV Azteca.

Su reputación como perfeccionista se cimentó con los años. “Cuando compraba ropa la volteaba y checaba los acabados, las aplicaciones, era un freak de eso” asegura Mike. Andrés Jiménez "Mancandy" cuenta “la primera vez que crucé palabra con él fue en una venta de mi ropa en la que se acercó y criticó una pieza -era mi primer intento de colección- sin saber que yo era el diseñador. Tomé la crítica constructivamente y nos hicimos amigos casi de inmediato”.

Como amiga y en la faceta laboral me siento desamparada, como si se me hubiera ido un socio. Le dio otro sentido a las plataformas que hay aquí que no hubieran sido lo mismo si no hubieran tenido a Carlos Temores. Estudió y trabajó mucho para tener ese lugar y qué bueno que lo tenga” dice Zemmoa. 

El hambre

“Nunca me enseñó los bocetos, pero sé que estaba trabajando en una colección,” cuenta Pepe Casanova de Arca Lab, iniciativa de Televisa para impulsar talentos emergentes. Juntos tenían la intención de reunir fondos para las nuevas prendas de Temores por medio de la plataforma de financiamiento público Fondeadora. El proyecto no llegó a concretarse.

Sin embargo, Carlos estaba en el que sus amigos describieron como “un gran momento”. Estaba enamorado, salía a correr todas las mañanas, acaba de volver de unas vacaciones en el mar, su lugar favorito y estaba muy entusiasmado con volver a hacer una colección.

Mike Salas resume su pérdida así: “se pierde un elemento increíble con una visión y una estética única. Es un parteaguas del diseño en México, sorprendiéndonos con sus creaciones. Creo que nos vamos a quedar con hambre. Nos quedaremos con hambre de Temores”.

Este domingo 22 de febrero, el que hubiera sido el cumpleaños número 31 de Carlos Temores, su familia y amigos más cercanos se reunieron en el puerto de Acapulco a despedirse por última vez. Próximamente enterrarán la mitad de sus cenizas junto a la tumba de su abuela y el resto las lanzarán al mar de Cuba acompañadas de lirios blancos, las flores favoritas de Temores.