Reír sin parar, hasta de la muerte

Aprovechando la llegada del 2 de noviembre en 1917, La Opinión utilizó el sentido del humor para amenizar sus notas, siendo la sección de policía la más destacada.
La "terrorífica" calaca en una de las páginas interiores de La Opinión.
La "terrorífica" calaca en una de las páginas interiores de La Opinión. (Cecilia Rojas)

Torreón, Coahuila

Para todos es primordial la risa y el sentido del humor del lagunero de principios del siglo XX, era genial.

En la tradición de reírnos hasta de la muerte, La Opinión publicó al dos de noviembre del 17, una "terrorífica" calaca en una de sus páginas interiores.

¿Qué movía a la risa? Desde la crónica negra de delitos menores, con ingenuos delincuentes, hasta narrativas como "Noche de Baile", firmada por Rubiales, donde contaba como fue invitado a un bailongo bien chidote apenas llegó a Torreón.

Al policía 140 casi le dio el válgame porque en su turno de noche veía una cosa que se le acercaba, como con dos bolas, misteriosa, como un fantasma.

Había muchas jovencitas como de 25 años ahí y la anfitriona, doña Pantaleona, "a quien la Providencia concedió 287 kilos de carne" y a quien había que subir al segundo piso de la casa con mecates y reatas, que se puso a bailar y tumbó la casa, por gordita. Lo bueno fue que Rubiales se salió antes.

Genial la crónica roja. El encabezado de una nota: "Una colección de Marías armó Fenomenal Zafarrancho en la Estación", en la de policía.

Las Marías fueron detenidas por que ya andaban bien borrachas y hablaban con harta floritura castellana. Otra cabeza preciosa: ""Lobalon" a un chino", las ratas hasta se llevaron los chones del oriental.

Desde Inglaterra llegaba el chisme de que andaban algunas gentes desesperadas por beber y se tragaban el agua de colonia, a discreción. El agua de Melissa se cobró algunas víctimas, pero no se le inculpaba.

Otro delicioso disparate ocurrió en Torreón y es primordial plantearnos en la situación de por entonces.
Mucha gente no tenía instrucción, como ahora y lo sobrenatural, que siempre da miedo, daba mucho miedo. Aparte tampoco había buena luz en la ciudad. Como ahora.

Al policía 140 casi le dio el válgame porque en su turno de noche veía una cosa que se le acercaba, como con dos bolas, misteriosa, como un fantasma.

Con un palo se fue tantaleando hasta que descubrió que era un burro cargado con costales y que andaba perdido. Cosas así pasaban y aún pasan para hacernos un poco menos rudo el existir.