La vieja costumbre de dar noticias sin informar

En aquellos ayeres de 1918, se daban a conocer en el periódico notas que no aportaban gran cosa, como las personas de la sociedad que se encontraban enfermas, como doña Dolores H. de Ceballos.
En la capital un escándalo al descubrirse una banda que tenía su propia fábrica de bombas.
En la capital un escándalo al descubrirse una banda que tenía su propia fábrica de bombas. (Cecilia Rojas)

Torreón, Coahuila

Se tenía la costumbre de informar sobre muchas cosas que ya no son noticia. Por ejemplo de las personas de la sociedad que convalecían víctimas de la enfermedad.

Estaba malita para entonces, doña Dolores H. de Ceballos, esposa del jefe de la policía local. Y la dulce señorita Guadalupe Valles. Se les deseaba que se recuperaran pronto.

Otro que estaba malón era el servicio de agua de la ciudad y las autoridades prometían que pronto estaría listo, que ya les estaban fundiendo unos fierros que faltaban.

Pero pues nada más había llaves en el centro. Si vieran ahora hasta donde llega la red y todo lo que falla. Claro, contemplando esto con la debida distancia temporal.

En los anuncios, el Dr. F. Hernández de la Escuela Nacional de Medicina, se especializaba en cirugía de accidentes.

Argentina vivía una Revolución estudiantil y el Sr. Luis Cabrera, que era el presidente de la Comisión Mexicana en la Argentina, anunciaba su regreso a suelo patrio, más no los motivos.

La bonita sección de la "Pluma Festiva" sacó un especial para solteronas, la "Oración a San Antonio" a ver si así las olvidadas del Cupido agarraban algo, lo que fuera. Firmaba "Una Quedada", podría haber sido cualquiera.

En asuntos de la gran guerra, se publicó en La Opinión una foto donde hay tropas femeninas recibiendo capacitación del ejército.

Ellas se habían quedad en sus casas a mantener a los hijos, a trabajar en las fábricas, a educar, ya fueran de un bando o del otro.

Si hubiera durado más tiempo el conflicto, quizás hubiera pasado como en la Alemania de la segunda guerra, donde los últimos contingentes estaban formados por niños y ancianos. Aunque para entonces, la Entente estaba casi en ese tenor.

En la capital un escándalo al descubrirse una banda que tenía su propia fábrica de bombas. Y pues oh sorpresa, eran puros jóvenes elegantes y finos que usaban sus bombitas para tirárselas a los alemanes que estaban por acá. Claro que los detuvieron.

Contrastando, las distinguidas señoritas laguneras hacían mucha obra de caridad. Las de Matamoros organizaron una Kermesse para recaudar fondos e invertirlos en la instrucción pública.

Ahora las pobres señoritas distinguidas no agarran ni un libro, con las honrosas excepciones debidas.

En los anuncios, el Dr. F. Hernández de la Escuela Nacional de Medicina, se especializaba en cirugía de accidentes, que por cierto, eran bastante comunes en todos lados. Atendía en la Valdés Carrillo.