Sacos de arena para proteger el arte europeo

Ante los incesantes saqueos y bombardeos teutones, en París intenaban resguardar las valiosas pinturas y esculturas, ya que los cañones Monstruo arrasaban con todo y con todos.
Francisco Villa era el enemigo del gobierno. Si era muy jijo, hay que admitirlo.
Francisco Villa era el enemigo del gobierno. Si era muy jijo, hay que admitirlo. (Cecilia Rojas)

Torreón, Coahuila

Los agricultores que tenían un poquillo más de lana, decían que ellos meros iban a ayudar para lo de las plagas de los cultivos.

Y para no variar, en la región el agua de la llave faltaba, la empresa abastecedora que era privada, prometía que ya mero lo arreglaban. Eso que había agua entubada nada más en el centro.

Europa con todo el arte que tenía, estaba en serios problemas para defender esos tesoros de las balas, los bombardeos y saqueos que cada guerra causan. París era donde peor se veía la situación.

Decidieron "proteger" con costales llenos de arena todos esos tesoros resguardados en museos.

Y aguas con que su viejo le dijera "tengo que ir a la capital", por que era una famosa cantina y billar que se anunciaba en nuestro diario.

Los ataques desde luego, provenían de los guerreros de la maléfica alianza teutona, quienes al parecer no gustaban del arte moderno, ni del antiguo y dirigían su cañón monstruo contra todo y contra todos.

Francisco Villa era el enemigo del gobierno. Si era muy jijo, hay que admitirlo.

Todavía traían vuelos revolucionarios y en Parral, según se informó en nuestro diario, se entregaron al saqueo desenfrenado que según esto, hacían en cada lugar al que llegaban.

Murguía era el héroe que siempre los sacaba en corrida. Ahora pocos conocen a Murguía, pero casi todos conocen a Villa. Así el capricho de la historia.

La Fundidora de Monterrey tenía serios problemas por una huelga que los obreros levantaron.

El gobernador de Nuevo León, Nicéforo Zambrano, fiel a la usanza que se conserva de pedirle de todo a los gobernadores, se comprometió a ayudar a resolver ese asunto. Era un venerable señor de barbas y lentes, muy a lo Carranza.

Y aguas con que su viejo le dijera "tengo que ir a la capital", por que era una famosa cantina y billar que se anunciaba en nuestro diario. Además, había magnífico tequila, cervezas y toda clase de licores.