Cómo andaba la justicia en septiembre de 1917

Por primera vez la Policía rendía un informe ante los medios, donde resaltaban los ebrios y los clásicos peleoneros, además de los ladrones y algunos choques.
Muchas irregularidades se veían en las aduanas de Piedras Negras y Juárez.
Muchas irregularidades se veían en las aduanas de Piedras Negras y Juárez. (Cecilia Rojas)

Torreón, Coahuila

El inspector General de la Policía remitía su informe a la Presidencia Municipal y se publicaba íntegro en La Opinión con el titulo de "Cinematógrafo Policial".

Entre el día 29 y el 30, se reportaban entre otras cosas, las siguientes:

Robo de una maleta en la estación de Ferrocarril y nadie supo quien fue el ganón. Algunos ebrios simples, otros ebrios tirados y alguno que otro ebrio rijoso.

También los clásicos peleoneros. Alguien fue detenido por robarse dos cajetillas de cigarros. Y un choque donde resultó dañada la abrazadera de un carro.

Habían en Torreón 16 abogados, según el directorio profesional de La Opinión. Doce doctores, un dentista, cinco ingenieros. Así que sí, era más importante la cosa legal.

Muchas irregularidades se veían en las aduanas de Piedras Negras y Juárez. Se traficaba con todo tipo de objetos y entre los involucrados, estaban los mismos empleados.

Los obreros bendecían a La Revolución. Al norte se veían pequeñas gavillas de bandoleros que no representaban riesgos militares, pero que si traían en friega a los viajeros del tren.

La guerra causaba estragos. El senador gringo Albert S. Beveridge fue recibido por el temido Emperador Guillermo de Alemania, que con la guerra más bien se convirtió en "empeorador".

Esto antes de que los dos países rompieran relaciones. El yanqui quedó asombrado por la sencillez del germano.

La pobreza era rampante. Entre los lujos que algunas personas podían darse, estaban los libros y "Al libro Mayor" los fabricaba y los vendía en la ciudad de Torreón.

Primordiales para la educación de todas las clases sociales. Antes cuando los orgullosos dueños de estas joyas los prestaban, sí se los devolvían, no que ahora.

Los abogados eran gente fina. Prácticamente todo mundo fumaba, desde el licenciado hasta el criminal más torvo. En la avenida Hidalgo, Demetrio Ezquerra tenía una papelería y tabaquería, todo fino.