Las tragicomedias del amor y cosas peores

El tópico del romancie siempre deja historias para contar, aunque algunas son para lamentar. Como el caso de María Trinidad, que abandonada murió de inanición justo despues de concebir un hijo.
La idea del romance no tiene tanto, pero ya a fines del 1917, se consideraba que la época era más bien utilitaria.
La idea del romance no tiene tanto, pero ya a fines del 1917, se consideraba que la época era más bien utilitaria. (Cecilia Rojas)

Torreón, Coahuila

Muy a propósito de estas fechas, donde todo mundo anda romanceando, hay que recordar que el amor, o el desamor, siempre provocan notas periodísticas de todo tipo. Por desgracia es común que sean de corte trágico.

A aquellas que tenían hijos fuera del matrimonio les iba mal. Más que a las madres solteras de nuestros tiempos.

Los cortejos eran muy diferentes. Si a una le iba bien, conseguía su buen pretendiente, que tras cierto tiempo y cumplir ciertas normas, lograba matrimoniarla más que nada por la Iglesia, que era lo importante.

Pocas mujeres tenían acceso al trabajo y la educación y tenían que aguantar satrapada y media de malos maridos, amantes, concubinos, similares y conexos.

Trágico fue el caso de María Trinidad González, que acabó de mujer, no esposa, de Antonio López. Vivían, o mal vivían en una casa de la calle Jiménez de Torreón. Él la golpeaba y la hacía pasar hambres. Tuvieron un hijo.

Antes de que ella se fuera de la casa compartida, Antonio se fue y la dejó sumida en la miseria y el abandono, embarazada. Poco después de que nació el bebé, concebido en el dolor, ella murió de hambre. Un caso que estremeció.

Y el tema del amor da para mucho. En el Ateneo Fuente de Saltillo se convocó a Juegos Florales, se publicó en las páginas de La Opinión el poema de Enrique González Ledesma, de Aguascalientes. Obvio, hablaba de amores.

La verdad es que el amor no fue por mucho tiempo en la historia de la humanidad, algún pretexto para la unión de las parejas.

La idea del romance no tiene tanto, pero ya a fines del 1917, se consideraba que la época era más bien utilitaria, práctica y progresista y se veía con sorpresa el amor en el matrimonio, signado como cosa casi delincuencial en documentos legales.

También se dirigían los redactores de nuestro diario a las mujeres, guiándolas en el objeto del dichoso matrimonio, que prácticamente se reducía a la ausencia de rebelión en el deber conyugal. Imagínense si nos vieran ahora.

Existía el oficio ilegal de "Celestina", en esta ciudad fue detenida la proterva Clotilde López, que engatusó a 3 muchachillas, a las que enamoró y convenció de irse con unos fulanos, bajo la promesa de una vida mejor. No logró llevarlas a su mal destino.

La verdad es que el amor no fue por mucho tiempo en la historia de la humanidad, algún pretexto para la unión de las parejas.

Y aferrado al amor de las mujeres y del dinero, el Agente de Salubridad en Torreón recién nombrado, Leopoldo Rocha, se robó lo que pudo, porque las damas no le hacían caso por feo, pero con dinero pues se les quita un poco lo horrorosos. Pero también lo detuvieron.

Pero nada como lo que le pasó al señor A. Walther, que salió del teatro un poco borracho, se quiso meter en una casa de la Cepeda, donde esperaba caer en brazos suaves de mujer.

Pero como estaba bien zarazo, dio reverendo golpe en una tina de agua helada, en la casa de la familia Chavarría, cuya ama de casa negó cualquier índole de lazo con el malogrado galán.