Enojo alemán contra aparadores laguneros

En el tercer aniversario del hundimiento del Barco "Lusitania", un comerciante acomodó fotografías en su escaparate, lo que causó indignación del vicecónsul Otho Wigand.
La sección de Avisos de Ocasión era pequeña pero eficaz.
La sección de Avisos de Ocasión era pequeña pero eficaz. (Cecilia Rojas)

Torreón, Coahuila

La Laguna también tuvo sus que veres con la gran guerra. Había un consulado alemán en Torreón y el vicecónsul Otho Wigand, también encargado de negocios del Imperio Otomano, emitió una formal queja ante el presidente municipal Celso Garza.

El asunto vino a colación del aniversario del hundimiento del Lusitania hacía ya tres años.

En una tienda, el dueño puso unas fotos del barco que fue atacado por submarinos alemanes, que se vieron bastante aludidos con esas fotitos y querían que las quitaran.

Como casi todos los camiones que circulaban por La Laguna eran igualitos y poquitos, La Opinión promovió que usaran banderitas de colores para saber a donde iba cada uno.

Y en más sorpresas locales, se anunció que venía nada más y nada menos que la famosa "Gatita Blanca", María Conesa.

Porque al parecer no tenían letritas pintadas con chinola blanca, como ahora se hace de forma tan moderna.

Y en más sorpresas locales, se anunció que venía nada más y nada menos que la famosa "Gatita Blanca", María Conesa.

Bueno, venía en forma de película con "El Pobre Valbuena", que tuvo hasta litigios jurídicos al ser filmada en Nueva York. Pero era una oportunidad de oro.

Alemania perdía muchos soldados. Una mujer habló y dijo que al menos 25 de sus parientes habían muerto, quedado ciegos, sin alguna extremidad o muy graves tras haber estado en combate.

La sección de Avisos de Ocasión era pequeña pero eficaz. Se ofrecía el traspaso de una panadería con todo y todo.

Venta de una cortadora de trigo a buen precio, alguien o más bien la abastecedora de agua compraba motores, Epifanio Carrillo era el único fabricante de muebles tipo europeo, y Alberto Rodríguez tenía su fábrica de sillas.

La verdad era que los interesados en vender se anunciaban con creativos textos o imágenes.

Como Montemayor y Cía que detallaba los productos con los que contaba, desde carros marca Studebaker, hasta hilos de engavillar.