El nacimiento de un emblema lagunero

Isauro Martínez, Indalecio Silva, Celso Castro y Carlos Ugartachea, informaron de la creación de una sociedad que construiría un Teatro, según ellos pequeño, que sigue de pie en el Centro de Torreón.
Para los soldados nuevos que iban al frente de batalla, el viaje era casi una aventura.
Para los soldados nuevos que iban al frente de batalla, el viaje era casi una aventura. (Cecilia Rojas)

Torreón, Coahuila

Los orgullosos austriacos morían de hambre. Aún quedaba trecho para una guerra que comenzó con una inercia de entusiasmo, pero que para entonces había dejado decadencia en el mundo y mostrado algunas de las peores formas de ser de los que nos decimos "humanos".

A los susodichos austriacos les había ido relativamente bien. Es usual que los países en guerra, los que las causan, no quieran pleitos en sus territorios, aunque los ajenos les valen gorro y ahí sí hacen y deshacen.

La guerra llegó a aquel país europeo, tan orgulloso, tan desacostumbrado al hambre. Alemania en contraste, sí tenía de comer.

Mientras tanto acá en estos lares, se avisaba que una de las máquinas de la Compañía de Luz y Fuerza, que brindaba el servicio eléctrico, se había descompuesto.

De por sí que había como tres changarros con luz y con esa descompostura, se suspendió el servicio eléctrico en varios de ellos.

Francia fue de los más prolíficos frentes de lucha. Seguirán miles de cadáveres sembrados en los suelos europeos.

De pasada también se les comunicaba a los que tenían llaves de agua que había un chorrote bien bueno del vital líquido y que por eso algunas de las tuberías más flacas y viejas se rompían.

Una muy importante noticia se daba a conocer. Los señores Isauro Martínez, Indalecio Silva, Celso Castro y Carlos Ugartachea, anunciaban su sociedad para la construcción de un teatro para Torreón.

Se dijo que sería un teatro sencillo, al estilo de los salones texanos. Pero adivine usted en qué quedó: en el Teatro Isauro Martínez.

Otro buen chisme salía a la luz: muchos candidatos a diputados decían que mejor no, porque las dietas que tenían eran muy exiguas, según decían fuentes autorizadas y dignas de todo crédito.

El que quería ser político lo era por pura vocación. No que ahorita.

Para los soldados nuevos que iban al frente de batalla, el viaje era casi una aventura. Sin dudas lo fue para muchos.

Sin dudas también, el infierno era algo que no esperaban. Pero estaba ahí. Iban sonrientes, con carretas, caballos que muchos acabarían por devorar, al encuentro de los "hunos" teutones.

Francia fue de los más prolíficos frentes de lucha. Seguirán miles de cadáveres sembrados en los suelos europeos.

Pero en Thierry era donde había concentración de los que ganaron la guerra. Hasta ahí llegaban vagones de tren que dejaban provisiones en las infames trincheras.