El 'oro blanco' fue la base de la prosperidad lagunera

Aunque sembrar en el desierto no parecía una idea del todo buena, el Río Nazas daba vida a la tierra de la Comarca, por lo que la agricultura se volvió una actividad que aseguraría el futuro.
La Opinión planteaba necesario que la gente viera la importancia del campo.
La Opinión planteaba necesario que la gente viera la importancia del campo. (Cecilia Rojas)

Torreón, Coahuila

Fue la producción agrícola algodonera, la que nos forjó una prosperidad que a la postre terminaría.

Pero fue la que atrajo a miles de personas, que buscaban una vida mejor en nuestro campo.

Sembrar en el desierto es pésima idea, pero funcionó. Las aguas del río eran proveedoras de abundancia y de repente, también causaban cada desastre, que opacaba la bonanza de ciertos sectores sociales, en contraste con los que siempre están debajo.

De hecho una de las primeras notas de La Opinión, en el día de su aparición el 27 de septiembre de 1917, fue sobre una inundación en Coyote, por el desborde del Nazas, donde el cura se comportó como un héroe y organizó labores de rescate.

Uno de los primeros editoriales de nuestro diario, hablaba precisamente de el futuro y el campo. Intitulado "Nuestra vida futura, en todos términos, corresponderá a la Agricultura".

Existía aún la figura de la Hacienda. El ejido era un sueño que se rompió con el tiempo y desde entonces, desde siempre, la vida en el campo era miserable, pero sostenía a todos.

No está de mas recordar que una de las causas de la Revolución fue precisamente esa terrible condición de malestar y de mala vida que tenían miles de mexicanos al mando de terratenientes, que a veces eran buenos, a veces regulares y a veces unos pillos.

Mientras tanto, los campos europeos eran arrasados por la guerra, por los químicos que mataron a tantos y que también quemaban las semillas y el futuro de una generación que a la postre, no tendría más certeza que otra guerra.

Y por eso, La Opinión planteaba necesario que la gente viera la importancia del campo, ya que se consideraba que al no poder proveerse Europa de alimentos, América y México en particular, sería boyante al distribuir productos de consumo.

Desde entonces, las casas comerciales ofrecían a los laguneros implementos básicos como semillas, tractores o las primordiales máquinas para despepitar y acomodar la preciada fibra blanca, el oro de nuestra región.