Amor de lejos... algunos lo logran

El amor de muchas parejas no sobrevive a la distancia, otras simplemente lo logran. Tres parejas contaron a Milenio cómo se mantuvieron juntos a pesar de que un océano los separaba.

Ciudad de México

El amor de muchas parejas no sobrevive a la distancia, otras como la de Brian y Lilia puede aguantar hasta que un continente los tenga separados tres años.

En julio del 2011, la mexicana Lilia Hernández y el danés Brian Boesen se conocieron en la fiesta de un amigo en común en Irapuato, Guanajuato. Ella vivía ahí y él llevaba tres meses trabajando en un proyecto en México. Todos en la reunión se fueron, menos ellos, que se quedaron juntos hasta las cuatro de la mañana hablando de ciencia. Él es ingeniero electromecánico y ella, biotecnóloga.

Brian pasó la semana que le quedaba en México con ella. Salían diario a caminar por Irapuato, platicaban horas, comían juntos, y el último día, en una cena, él se despidió. Lilia pensó que ahí acabaría la historia, pero unos días después recibió una invitación de su danés a platicar por Skype.

En octubre, Brian ya estaba de vuelta en México para verla. "Me dijo que era en serio, que yo le gustaba muchísimo y que lo intentáramos", dice Lilia. Pero su relación tendría que ser a distancia. Él en Dinamarca y ella en México.

Entre semana, Brian llamaba cuando Lilia se despertaba para desearle buenos días. En la comida, ella le habla antes de que se fuera a dormir para saber cómo había sido su día y desearle buenas noches. Así pasaron tres años, entre mensajitos, llamadas de Skype y las películas que todos los domingos se sincronizaban para ver online.

"Él era en quien más confiaba. Siempre estaba a la hora que le llamaba, estaba al tanto de lo que hacía. Para mí era más fácil hablarle a él que a cualquier persona cerca de mi casa. Sabía los nombres de todos mis amigos, las tareas que hacía en ese momento y mis problemas", dice Lilia.

En un viaje a Los Angeles, California, en 2012, Brian le pidió a Lilia matrimonio y acordaron que se casarían en un año y se irían a vivir juntos a Dinamarca. En ese año, ella, que acababa de terminar una maestría en Negocios, se tituló y se preparó para dejar México. En 2013 se casaron.

Dos mexicanos, un océano

A Ulises Orbe y Diana Torres también los unió la ciencia, pero los separaba el océano Atlántico. Los dos son químicos y se conocieron en un laboratorio. Se hicieron novios y estuvieron juntos en México un año; luego él se fue a estudiar una maestría a la Universidad de Maastricht, en Holanda, y ella se quedó a realizar un doctorado en ciencias biomédicas en la UNAM.

Ulises y Diana hablaban todos los días, durante los dos años que estuvieron separados, por Whatsapp y por correos electrónicos, y, sin falta, hacían videoconferencias por Skype. Eso, y la confianza, dice Ulises, fueron los pilares para que su relación durara a pesar de la distancia.

"Como hay siete horas de diferencia, tratábamos de coordinarnos en cuanto tuviéramos tiempo para llamarnos. No había algo parecido a una rutina, pero lo que hacíamos era coordinarnos o el día anterior o por mensaje para saber si teníamos tiempo", dice Ulises.

Un año antes de terminar su maestría en Holanda, en 2012, Ulises regresó a México e invitó a Diana a pasar las vacaciones decembrinas en Acapulco, donde vive la familia de su papá. Ahí, en una reunión, le pidió matrimonio.

Amor online

Algunas parejas incluso se formaron gracias a la distancia, como Odett N. y Brian H. que se conocieron en el portal de citas online Plenty of fish. Él es canadiense y ella es mexicana. "Tenía que practicar el inglés por mi trabajo, no estaba buscando novio y él sí", dice Odett.

"Se me hizo chistoso que en su perfil tenía puesto que era matemático, y le envié un mensaje burlándome de él que decía: 'con razón no encuentras a nadie, cómo se te ocurre poner que eres matemático, yo soy ingeniera y no lo pongo'", cuenta Odett.

Todo empezó en enero de 2007 con mensajitos online, luego con llamadas y luego en videoconferencias por Skype. Para agosto, Brian vino a México a la graduación de Odett de la universidad.

"Cuando lo fui a recoger al aeropuerto resultó ser un güero tremendo, súper alto. Sí fue un cambio del internet a en vivo, pero para ese entonces yo ya hablaba casi diario con él, y ya nos mensajeábamos, y ya sabíamos todo el uno del otro, y era más el nervio de vernos, pero nunca dudé que yo estaba perdidamente enamorada de él", dijo.

Tres semanas después de su visita, en una videollamada, Brian le pidió matrimonio y ese mismo año, en octubre, se casaron por el civil en Alberta, Canadá. "Ninguno de los dos hizo el gran drama de que no me dio el súper anillo o no se puso de rodillas para darme el anillo, para mí fue super padre", dice.

Pero su relación comenzó una nueva prueba cuando en la empresa en que trabajan los cambiaron de sede laboral. Uno en Fort McMurray y el otro en Calgary, Alberta.

"Nada más nos veíamos dos veces a la semana, el sábado y domingo, y el lunes regrésate muy temprano al avión a Fort McMurray. Eso fue por dos años", dice.

Finalmente en 2013, Brian y Odett decidieron regresar a México a casarse por la iglesia y al regresar a Canadá ya no volvieron a separarse.