Álvaro Corcuera reaparece en Roma; celebra misa con el Papa

Tras casi 11 meses de ausencia, luego de sufrir una operación por un tumor en la cabeza, regresó al Vaticano y se reunió con Benedicto XVI.

México

Después de casi 11 meses de ausencia por la operación de un tumor en la cabeza y tratamiento médico, Álvaro Corcuera, director de los Legionarios de Cristo, regreso a Roma en donde concelebró una misa con el papa Francisco y visitó al pontífice emérito Benedicto XVI, también sostuvo reuniones con las comunidades legionarias y consagrados, previo a los trabajos finales de la congregación que iniciará su Capítulo General el próximo mes de enero.

En comunicación interna a los Legionarios se les informó sobre los encuentros que sostuvo Corcuera durante su estancia de ocho días en Roma.

El 16 de octubre asistió al Domus Sanctae Marthae, en donde tuvo la oportunidad de concelebrar una misa con Francisco, junto con otros sacerdotes y obispos.

Al final de la misa, saludó brevemente al pontífice, a quien le aseguró sus oraciones y sacrificios personales y que transmitiría los saludos y afecto de todo el Regnum Christi. El padre Álvaro comentó que el Papa “le había pedido que lo sostuviéramos con nuestras oraciones en su ministerio, ya que le eran muy necesarias”.

El día 17 visitó al papa emérito Benedicto XVI, con quien estuvo aproximadamente media hora. En el encuentro el director de la congregación le agradeció “todo lo que ha hecho por ayudar a la Legión y al Regnum Christi en estos años difíciles”.

Los encuentros del padre Álvaro Corcuera con los Legionarios iniciaron la tarde del jueves 10 de octubre, cuando concelebró una misa con los padres de la dirección general y de la dirección territorial de Italia. El viernes 11 invitó a la misa a las consagradas presentes en la

sede de la dirección general.

En el Centro de Estudios Superiores, el domingo 13, en su homilía agradeció la fidelidad de cada uno de los presentes y aseguró sus oraciones y el ofrecimiento de sus sacrificios “para que Dios nos conceda la gracia de la perseverancia final a cada uno”.

El martes 15 se reunió en el Vaticano con el padre legionario Fernando Vérgez y lo acompañó cuando al mediodía se hizo público su nombramiento como obispo. En ese encuentro estuvo también presente el cardenal Giuseppe Bertello, quien fuera nuncio en México.

Durante la comida, con las consagradas, les recordó que estaba ofreciendo su enfermedad por todos los miembros de la familia del Regnum Christi y, especialmente, por los frutos de la renovación de la vida consagrada.

Al cenar con legionarios en el Centro de Estudios Superiores, el padre Sylvester Heereman, quien se encuentra a cargo de la dirección de los Legionarios, le comentó que “su misión entre nosotros continúa con su ejemplo y su oración. Le agradeció su testimonio por cumplir su misión ahí donde Dios lo pone. También agradeció que con su visita nos muestra que el Reino de Cristo está en el amor y en la caridad al prójimo; las armas del legionario para extender el Reino son la caridad y el amor”. El 18 de octubre regresó a Estados Unidos para seguir con su tratamiento.

Celebración de difuntos

Francisco celebró ayer la misa en el cementerio del Verano, ubicado al sur de Roma, en la vigilia de la festividad de los Fieles Difuntos y 20 años después que el entonces papa Juan Pablo II realizara el mismo gesto.

Poco antes de las 16:00 horas local el líder católico llegó hasta el panteón y el automóvil en el cual viajaba pasó lo más cerca posible de las vallas para permitirle saludar de mano a decenas de fieles.

De hecho la calle principal del cementerio estaba llena de feligreses. En la puerta el pontífice Jorge Mario Bergoglio fue recibido por el alcalde de Roma, Ignazio Marino, con quien intercambió algunas palabras.

En el sermón de la misa, Francisco recordó también la festividad de todos los santos que la Iglesia celebró ayer y su vínculo con aquella de los fieles difuntos, que se recuerda el 2 de noviembre.

Aseguró que el testimonio de los santos es una esperanza que acompaña a los hombres en la vida e invitó a tener el “corazón anclado” en donde se encuentran los propios antepasados, los santos, Jesús y Dios.

“Hoy y mañana son días de esperanza, hay días difíciles en la vida, pero con la esperanza se sale adelante”, enfatizó.

“Hoy es un día de esperanza. Nuestros hermanos y hermanas están en la presencia de Dios. También la esperanza nos purifica, nos aligera, nos hace ir más rápido hacia Cristo”, indicó.

“En este pre-atardecer, cada uno puede pensar en el atardecer de su vida, si lo miramos con esperanza eso es cristiano y eso nos da paz”, subrayó el Papa.

Sostuvo que los santos son ejemplos a imitar y aclaró que no se refería solo a los canonizados, sino a los santos de la vida cotidiana, de aquellos que han sabido practicar el evangelio en lo ordinario de su vida.

El pontífice dijo que está seguro de que todos han conocido a esos santos o han encontrado alguno, quizás en la propia familia o entre los amigos y conocidos.