Dos ciudades alemanas imperdibles: Düsseldorf y Colonia

Estas dos ciudades germanas rivalizan hasta en la cerveza. Pero ambas son lugares extremadamente amigables para ir con niños.

Ciudad de México

Hace un par de semanas recorrí Düsseldorf y Colonia, de arriba para abajo, junto con mi hija de dos años. Hice caso omiso a la andanada de comentarios alarmantes sobre viajar con una niña tan pequeña, tomé mi carriola y me lancé a la aventura de descubrir estas ciudades vecinas, ambas a orillas del Río Rhin. Ambas forman parte de la provincia de Renania del Norte-Westfalia, y se encuentran a 34 km de distancia. Cada una tiene su encanto particular y gran importancia a nivel mundial. A pesar de estar tan cerca una de la otra, tienen una personalidad completamente distinta y rivalizan en muchos aspectos. Basta con preguntarle a un habitante de Düsseldorf e inmediatamente te dirá: “¿Colonia? ¿Qué es eso de Colonia, dónde está?”

 

Düsseldorf: ciudad conservadora

Primero recorrimos Düsseldorf, una ciudad moderna a nivel arquitectónico, con museos de arte contemporáneo, como el K20 y el K21, pero que no deja de ser una urbe con un estilo mucho más conservador. Cuenta con edificios diseñados por Frank Ghery en el puerto, que acaban de ser remodelados. La moda es crucial para esta ciudad y sobre todo la Fashion Week que se lleva a cabo en verano. En este sentido, el boulevard Königsallee es un icono de la moda en Europa: cuenta con tiendas exclusivas y la atraviesa un canal de un kilómetro de largo. En sus cercanías se encuentra la chocolatería Heinemann, orgullo de la ciudad desde 1932.

 

En Alemania no está mal visto que vayas a la cervecería con niños, pues para ellos también hay Bratwurst y jugo de manzana, con agua mineral, el famoso apfelshorle

La parte antigua de la ciudad: el Altstadt, es una zona en la que hay que dejarse llevar por las callejuelas y hacer varias paradas en las cervecerías para degustar la Altbier, principalmente en Uerige, un local de 150 años, en donde María y yo estuvimos un largo rato en la terraza.

 

Después hicimos una larga caminata por el malecón, admirando los puentes que conectan a la ciudad con el barrio Oberkassel (uno de los más trendy). Hacíamos paradas para observar a la gente y ver pasar los barcos por el Rhin; María se bajaba de cuando en cuando de la carriola y corría de un lado para otro.

 

Pasamos por la Iglesia de San Lamberto y, como todos los turistas, fuimos a ver el monumento que conmemora la batalla de 1288 de Worrigen, en la que Colonia y Düsseldorf lucharon juntos en contra del Arzobispo de Colonia, cosa que es difícil de imaginar hoy en día, ya que se dice que los visitantes de Colonia cuando van a Düsseldorf tienen la “costumbre” de hacer pipí en el monumento (aunque hay quienes opinan que eso no es más que una leyenda urbana). Otro must de la ciudad es el precioso parque “Hofgarten”.

 

Colonia: la modernidad

En Colonia, el contraste se aprecia a primera vista: la gente viste de colores vivos, hay muchos jóvenes, estudiantes y turistas que vienen a admirar la catedral gótica (el Kölner Dom) más grande del mundo. Es impresionante salir de la estación y toparse con la gigantesca fachada. A unos pasos de la catedral se encuentra la calle Hohe Strasse, por donde circula muchísima gente y está repleta de tiendas; en las esquinas hay músicos ambulantes, característica que le da mucha vida y alegría a la ciudad.

 

La arquitectura románica es otra de las joyas de la ciudad y contrasta con edificios como el museo del Arzobispado o el museo Kolumba, renovado hace unos años por el arquitecto Peter Zumthor, ganador del premio Prtitzker de arquitectura en 2009. Como la hora del pastel es sagrada (alrededor de las cuatro), fuimos por uno. Mientras deambulábamos por el barrio Kolumba, encontramos el Café Eigel, que existe desde 1851. La única cabellera oscura del lugar era la de María. Colonia es una ciudad mucho más abierta y multicultural que Düsseldorf, y la comunidad gay es muy importante.

 

Resulta muy difícil escoger cuál de las dos ciudades es más hermosa: cada una tiene su personalidad. Hay mucho más turistas en Colonia (a primera vista), puesto que el Kölner Dom es un sitio de visita obligada en el mundo entero, pero por otro lado el Altstadt de Düsseldorf es mucho más bonito que el de Colonia y la Altbier es más rica que la Kölschbier. Colonia celebra cada año el Carnaval, que es una experiencia asombrosa. Empieza 11 minutos después de las 11 del día, del mes 11 (noviembre) de cada año. Pero los habitantes de Düsseldorf también tienen el suyo… y dicen que es mejor.

Sin importar la lluvia y el viento los alemanes salen a las calles a celebrar, cerveza en mano y disfrazados.

 

¿Carnavales en noviembre?

Dos de los carnavales más famosos de Alemania son los de Colonia y Düsseldorf y en este país se inaugura la temporada de carnavales en noviembre, porque lo que celebran es el solsticio de invierno. Por ello el otoño es el momento ideal para visitar estas ciudades. Sin importar la lluvia y el viento los alemanes salen a las calles a celebrar, cerveza en mano y disfrazados (si alguien sale sin disfraz queda en ridículo). Una de las tradiciones es que las mujeres les corten la corbata a los hombres y les den un beso, o tal vez más. No hay que asustarse si de pronto uno está recorriendo la ciudad y aparecen Hunos cubiertos de pieles, vikingos alegres y toda clase de personajes desfilando.