“Tokio me marcó”: Alberto Lati

El periodista deportivo nos habló sobre el viaje que recuerda con más cariño, antes de que inicie su nueva aventura en el Mundial de Brasil 2014.
Alberto Lati durante su primera corresponsalía.
Alberto Lati durante su primera corresponsalía. (www.albertolati.com)

Ciudad de México

El periodista Alberto Lati se estrenó como escritor con Latitudes. Crónica, viaje y balón, que reúne relatos de sus corresponsalías por siete países y sus visitas a casi 100 naciones distintas. Hablamos con él sobre el viaje que recuerda con más cariño, antes de que inicie su nueva aventura en el Mundial de Brasil 2014.

Hubiera podido pensar en lugares de bellezas naturales, como ver la migración de cebras entre Kenia y Tanzania, las dunas en Namibia o ver glaciares. Pero yo me voy por lo emotivo, y el viaje que más me marca fue cuando me mudé a Tokio para mi primera corresponsalía, en enero de 2002, cuando llegué a la cobertura del mundial Corea-Japón. Ese inicio en el que no entiendes nada, que describo como una alucinación: pasos a desnivel por todos lados (nunca sabes en qué nivel de la ciudad estás), los luminosos, los cráteres japoneses que te saltan de todos lados como insectos agresivos, el idioma. Es un mundo en el que se va alternando lo oriental milenario, con lo más futurista, moderno y estridente.

Llegué con mucha incertidumbre y me pasé un mes esperando una llamada en la que me dijeran “ya regresas a México”. Pero cuando terminó, evidentemente, todo lo que quería era no regresar y quedarme ahí.

Lo memorable de esos ochos meses fue el proceso que me tomó pasar de un estado de repulsión, a no querer dejar el lugar: buscar absorber cada textura, olor, sabor, cada faceta de la cultura y vida japonesa.

Mis lugares favoritos eran el templo de Asakusa y los jardines japoneses. Es increíble que en un espacio tan pequeño (alrededor de 50 metros cuadrados) logres tanta paz, y más en una ciudad tan frenética y caótica.

He regresado cuatro veces y en cada una he descubierto una nueva faceta. Durante esos ochos meses, estuve en un departamento que ahora recuerdo con mucho cariño y cada vez que he vuelto, me desvío un momento para ir a ver la entrada del edificio.

Recuerdo con especial cariño el último día de esa vivencia. Terminando el mundial me fui de vacaciones a Tailandia y, al regresar a Tokio, tenía unas cuantas horas para tomar mi conexión a México. Me fui de un lado a otro a recorrer los puntos que más me marcaron durante mi estancia: ¡me ganó la emoción!

Es un lugar increíble para visitar, pero recomiendo ir cargado de tolerancia y con mucho afán de respetar una cultura muy particular.