CRÓNICA | POR ANAHY MEZA

"Los chamacos comen de todo, nosotros no comemos carne seguido"

HISTORIAS DE NAVIDAD

Este año comerán tamales.
Este año comerán tamales. (Especial)

Altamira

Después de mucho pensarlo y darle vueltas al asunto Agustina por fin decidió que hacer de cena de Navidad. A diferencia de muchos la elección de ella no fue en función del gusto de su familia y tampoco tenía muchas opciones, se basó en el limitado presupuesto que no excede de los 200 pesos.

Cenará tamales de frijol, este año no hay para carne, quizá vaya a buscar pollo del congelado y pueda comprar 50 pesos, para sacar unos 8 tamales, uno para cada uno de sus cuatro hijos, dos para su esposo y uno más para ella.

Agustina Flores vive en la colonia Los Presidentes, es madre de cuatro hijos, y asegura que el 2013 no ha sido su mejor año, pues hace seis meses, el soporte económico fuerte de la casa su esposo Raúl tuvo un fuerte accidente, que cayó de una altura importante, se lastimó una pierna y no tiene seguridad social.

Ella logró emplearse como empleada domestica, sin embargo vive al día, le pagan 100 pesos diarios por hacer trasteo en una casa, y quisiera trabajar más, sin embargo tiene que atender a su esposo, y sus hijos de 3 años, 8 y 11 años.

Con los 100 pesos ella hace milagros, tanto que logró juntar 200 pesos para su cena de navidad, en la que predominarán los tamales de frijol, "Pues lo bueno es que los chamacos están acostumbrados y comen de todo, ellos no se fijan, nosotros no comemos carne seguido, no desde hace seis meses, a veces no hay de plano y tortillas con frijolitos en tacos les doy", dice Agustina con mucho pesar.

Este año en su casa no habrá Santa Claus, ya no alcanzó para los regalos, así que Juan de ocho años no recibirá el balón que pidió y Antonio definitivamente se quedará con las ganas de unos patines, "Hable con ellos y me entendieron, ellos saben que de plano no hay porque hace un mes Tony necesitaba unos zapatos y tuve que conseguir unos usados, era eso o se iba a la escuela en sandalias de plástico que era lo único que le podía comprar".

Aunque la esperanza se pierde al último, Agustina espera como milagro que una señora le done unos juguetes usados que sus hijos ya no usan y que al parecer están en buenas condiciones, "mis hijos casi nunca estrenan, ellos están acostumbrados a usar todo de segunda, pensaba ir ahí a la Guadalupe Victoria donde venden cosas de segunda haber les encontraba lo que quieren usado y ver si me alcanzaba".

Espera que en el 2014 le vaya mejor, por lo menos que su esposo se reponga del accidente y pueda salir a trabajar. Pese a la situación ella dice que lo que ocurrió le ha dejado varias lecciones, una de ellas es que se puede hacer cargo económicamente de su familia, algo que antes no se hubiera atrevido a pensar.

"Antes de eso yo nunca había trabajado, todo me daba miedo porque yo vengo de un rancho de allá del estado de Hidalgo, mi familia es comerciante y lo único que había hecho era eso vender, aunque de una manera muy tímida pues en su familia hablan dialecto y se les dificultaba un poco el español".